Precarización del mercado laboral

A pesar de la situación regional adversa y de la retracción de los precios de los productos básicos, el promedio del crecimiento económico del Paraguay en el periodo 2013-2016 fue bastante alto, situándose en 6,45% anual. La expansión del Producto Interno Bruto (PIB) y el paulatino mayor nivel de educación tuvieron, sin embargo, escaso impacto en los segmentos de la población de menores ingresos. Esta paradoja de más crecimiento económico y mayor nivel de escolaridad, pero con persistencia de la precariedad del mercado laboral, obedece a la alta concentración de la matriz productiva en pocos rubros no intensivos en mano de obra, a la rápida migración rural-urbana con mano de obra no calificada y a la falta de políticas públicas enfocadas en resolver los problemas de falta de coordinación entre la demanda y la oferta laboral.

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Existen personas en edad laboral que buscan trabajo y no lo consiguen (desempleo abierto), y personas que trabajan solo parte de la jornada laboral semanal o ganan menos que el salario mínimo (subocupación). Los altos valores de las tasas de desocupación y subempleo revelan los problemas propios del mercado local. 

En 2015 el Paraguay tuvo un crecimiento del PIB de 3% con una baja tasa de desempleo de 5,34% de la Población Económicamente Activa (PEA), y una alta tasa de subocupación de 19,03%. Así, a un crecimiento económico de 3% correspondió un 24,37% de la PEA en situación laboral precaria, según los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). En el 2016 la tasa de crecimiento del PIB subió a 4,1% y, sin embargo, de acuerdo con la misma fuente, volvieron a aumentar tasa de desempleo (6%) y la tasa de subocupación (20,82%). Es decir, la precariedad laboral se incrementó a 26,82%, repitiéndose la relación de mayor crecimiento económico con mayor deterioro de la situación del trabajo. En Asunción y en el departamento Central, que concentran el 60% de la PEA urbana y 40% de la PEA total del país, se observa la misma tendencia. 

Esa situación no ha cambiado en 2017. La relación de crecimiento económico y caída de los indicadores del mercado laboral sigue deteriorándose. La proyección oficial de crecimiento del PIB en 2017 es de 4,2% y el sector privado estima, incluso, un incremento del 5%. Pero los resultados más recientes de la Encuesta Continua de Empleo (ECE) muestran un incremento tanto de la tasa de desempleo abierto, de 7,6% en el primer trimestre de 2016 a 8,4% en el primer trimestre de 2017, como de la tasa de subocupación, de 11,4% a 12,4% en los mismos términos de comparación. Una vez más, el crecimiento económico no se traduce en una mejor situación del empleo. 

Tampoco mejoró el ingreso de los trabajadores. La proporción de trabajadores asalariados que ganan menos del salario mínimo se incrementó de 26,3% en el primer trimestre de 2016 a 32,1% en el primer trimestre de 2017; o sea, más trabajadores que perciben menos que el salario mínimo vigente. Inclusive el grupo de trabajadores cuyas remuneraciones van de un salario mínimo a un salario mínimo y medio experimentó un ligero aumento de 30,4% a 30,9%. 

Además, las estadísticas de la EPH muestran dos problemas recurrentes en los últimos años. Por un lado, que la tasa de desempleo se concentra en la población joven de 15 a 29 años del área urbana, mientras que la subocupación es más propia del área rural. Por otra parte, que las tasas de cobertura de la seguridad social y de jubilación se mantienen bajas. 

El deterioro del mercado laboral no fue revertido ni detenido por causa de la debilidad de las políticas públicas. 

En primer lugar, las políticas agrarias no han sido capaces de frenar el acelerado desmantelamiento de la agricultura familiar campesina frente al avance de las empresas agropecuarias que demandan poca cantidad de mano de obra. En consecuencia, la destrucción de empleos ha sido más rápida que la creación de puestos de trabajo. 

En segundo lugar, a pesar de la mayor cobertura de la educación básica, la falta de capacitación laboral y la consecuente deficiente educación formal no permitieron responder a la demanda del mercado de trabajo, ni siquiera a la menos exigente. Y la mayor formación de la fuerza laboral con educación terciaria no se ha ajustado a la demanda existente del mercado o no ha tenido la suficiente capacidad para adaptarse a los cambios y exigencias de los procesos de producción y organización de las empresas. 

En tercer lugar, la escasa diversificación de la producción y la excesiva concentración del empleo en las micro, pequeñas y medianas empresas, con muy baja productividad y competitividad, son serias restricciones para la generación de puestos de trabajo estables y bien remunerados. Por consiguiente, el gran excedente de mano de obra no ocupada pasa a formar parte del creciente segmento de cuentapropistas.

En consecuencia, urge implementar medidas más articuladas para mejorar la situación del empleo con sectores de baja productividad pero intensivo en mano de obra, como las micro, pequeñas y medianas empresas y la agricultura familiar campesina, a través de programas integrados de asistencia técnica, provisión de créditos y facilitación de mercado. Además de mejorar la calidad de la educación formal, se requiere de una masiva capacitación de la mano de obra juvenil para mandos medios que requieren las empresas. Asimismo, la falta de información sobre el mercado de trabajo debería ser atendida por el sector público para facilitar la intermediación laboral conforme a la demanda existente.

Deterioro

El deterioro del mercado laboral no fue revertido ni detenido por causa de debilidad de políticas públicas. Ni se frenó el desmantelamiento de la agricultura familiar.

Medidas

Urge implementar medidas más articuladas para mejorar la situación del empleo con sectores de baja productividad pero intensivo en mano de obra.

dborda@cadep.org.py

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