Con la moderación a cargo del presidente del Club de Ejecutivos del Paraguay, Yan Speranza, integraron la mesa de discusión el director ejecutivo de Fundación Paraguaya, Martín Burt; la investigadora de Paraguay Debate, Annie Granada; el presidente de la Cooperativa Friesland, Ferdinand Rempel; y el fundador de la ONG Werta, Jonnatan Funes.
En su análisis, Francisco Obreque señaló que en las últimas décadas el sector agrícola fue el principal motor del crecimiento económico de Paraguay, con la contribución en un 20% en el PIB (2016), generando dos tercios de las exportaciones totales y empleando a un 40% de la fuerza laboral total.
Sin embargo, señala que el crecimiento del sector fue impulsado por los productos básicos orientados a la exportación, principalmente soja y carne bovina, y provocó la conversión de tierras naturales, lo que ha transformado los paisajes del país en las últimas décadas.
Desde el año 2000, el área de tierra de cultivo de soja se triplicó en la región Oriental alcanzando más de 3 millones de hectáreas, alrededor del 68% del área cultivada total. Durante ese mismo periodo, el tamaño del rebaño de ganado se multiplicó por seis en la región del Chaco, aproximadamente 3,7 millones de hectáreas de tierra se convirtieron en pasturas.
Obreque enfatizó que la agricultura paraguaya presenta una realidad dual, porque coexisten dos modelos distintos. Por un lado, se tiene la agricultura comercial a gran escala, que es intensiva en capital y tecnología orientada a la exportación, altamente eficiente y especializada en soja y carne vacuna. A su vez, también está la agricultura familiar, que es diversificada, intensiva en mano de obra, baja en uso de tecnología y está dirigida especialmente al autoconsumo. Entre las características de la agricultura familiar se tiene que sus productividad es baja y decreciente.
Según el señalado especialista, el modelo dual de la agricultura impulsó la concentración de la tierra, porque más del 70% de la tierra productiva está ocupada por el 1% de los establecimientos más grandes, ubicando al Paraguay como el país con el mayor nivel de desigualdad de tierras en el mundo con un coeficiente GINI de 0,93.
En ese sentido, advirtió que la gran transformación que experimentó la agricultura paraguaya en los últimos 20 años pone en peligro la sostenibilidad a largo plazo del modelo actual.
Otro aspecto que manifestó Obreque es que el éxito de la agricultura comercial en Paraguay no tuvo un efecto de goteo para beneficiar también a la agricultura familiar. Los pequeños productores campesinos no han podido adoptar nuevas tecnologías y la productividad de la mayoría de los cultivos en explotaciones familiares se han estancado y en algunos casos deteriorado. La producción de algodón, que llegó a ser un rubro comercial clave para el país, disminuyó en más del 90% en los últimos 10 años, dejando a los pequeños productores sin alternativa sólida de cultivo comercial para obtener ingresos sostenidos. El sector público, incluyendo la extensión, entrega de infraestructura, etc., no logró apoyar la transición de la agricultura familiar hacia un modelo más productivo y orientado al mercado.
Como perspectiva, el especialista de la multilateral, dijo que Paraguay aún tiene margen significativo para seguir mejorando el rendimiento de sus dos principales cadenas de valor de productos básicos. Por un lado, los productores de carne no han podido optimizar su estrategia, con precios de exportación muy bajos con relación a otros países competidores. A su vez, la producción de soja genera muy poco valor agregado en el territorio nacional.
En su propuesta, el experto señala que el Gobierno podrá definir un nuevo modelo de desarrollo rural que concilie el crecimiento del sector con la preservación de su capital natural y de la cohesión social. “Encontrar tal equilibrio requiere abordar el complejo nexo que existe entre tierra, agricultura y medio ambiente de una manera integral.
Enfatizó que se deberá ajustar el modelo agrícola, con la participación de los agricultores familiares en los mercados. Igualmente, se deberá aumentar el valor agregado de la agricultura comercial a gran escala.
Otra recomendación es transformar la agricultura familiar en un modelo más productivo y resiliente.
La receta también considera la necesidad de impulsar una economía forestal dinámica y la implementación de un programa nacional de reforestación, con la optimización del uso de los certificados de servicios ambientales, así como también el fortalecimiento de las capacidades de la Seam y del Infona.
Otras indicaciones de Obreque hablan de la necesidad de mejorar la administración del uso de la tierra, apoyando el desarrollo rural inclusivo y sostenible; y, de proporcionar la transparencia necesaria en la administración de la tierra, con la seguridad adecuada mediante el desarrollo de un catastro rural y la regularización de la titulación de la tierra. También propuso ajustar el régimen tributario para el agro.
