La economía depende del agua

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El 91,8 % de las exportaciones del país depende del agua, considerando que los productos resultan de procesos que la involucran; sin embargo, no existe un marco legal que garantice su desarrollo sostenible ni su uso. ¿Cuánto se gasta para obtener 1 kg de carne? EN se sumerge en los escasos datos disponibles respecto al tema.

El desarrollo productivo, urbano, turístico e industrial tomó impulso en los últimos años, pero lo hizo al margen sin un marco de desarrollo sostenible que proteja los recursos hídricos, pese a que el agua es el elemento central de este crecimiento. En la misma tesitura, el docente e investigador de la Universidad Nacional de Asunción (UNA) Juan Francisco Facetti reveló recientemente que el 91,8 % de las exportaciones del Paraguay depende del agua.

La agricultura ocupa el primer lugar como consumidor de agua, porque los cultivos la necesitan para crecer, según diversos estudios existentes a nivel de gestión del agua en la Cuenca del Plata, refiere el consultor independiente Ing. Agr. José Pérez. La distribución del consumo mundial del agua evidencia que la agricultura y ganadería abarcan el 70 %, mientras que las industrias, el 20 % y el consumo humano, solo el 10 %.

En el país hay, aproximadamente, 50 a 60 sistemas de riego a pívot central. Para un cultivo de soja, trigo o maíz, se derraman más o menos 50.000 l/ha, cuya adquisición se torna cada vez más fácil para los productores.

La falta de reglamentación y ausencia de un rango de uso y limitación permiten que cualquier persona, industria o negocio use el volumen de recursos hídricos que quiera. “Tenemos, por ejemplo, la tecnología por pívot central, sistemas que riegan 500 o 700 ha. todos los días, lo cual significa la utilización de gran cantidad de agua por parte de solo un sector. Deben imaginarse que si se duplican o triplican las hectáreas de riego en el Paraguay sin un ordenamiento, de algún lugar se obtendrá agua para cubrir la demanda, lo que conlleva a la explotación masiva de ríos, lagos y aguas subterráneas”, explica el profesional.

Asimismo, hay más de 12.000 ha. de arroz bajo riego por canales (inundación), que consumen 10.000 m3 por cada periodo, conforme con las estimaciones de la Asociación Paraguaya de Recursos Hídricos (APRH), aunque la Secretaría del Ambiente (Seam), que es la institución normativa, no maneja a ciencia cierta tal reporte. De hecho, el encargado de la Dirección General de Protección y Conservación de los Recursos Hídricos, Ing. Agr. David Fariña, admite que los datos que dispone esta dependencia estatal no coinciden con los de otras, como el Ministerio de Agricultura y Ganadería o el de Industria y Comercio. “Evaluamos las presentaciones que realizan los productores a través de trabajos técnicos y con base en ello se emite una declaración de impacto ambiental o licencia ambiental. Llevamos un registro de uso del agua en los sectores, pero no todos los productores elaboran el estudio técnico, por lo tanto, no contamos con toda la información”, específica.

Ante tal escenario, el ingeniero Pérez enciende la alarma. “Tenemos muchos consumidores de agua y estamos mal gestionando o, mejor dicho, no estamos gestionando el recurso hídrico, principalmente, para la agricultura”, observa.

La industria, agricultura y ganadería son las que deberían pagar más por el consumo del agua, pero en el país esto no sucede aún. “Entonces, estamos quitando el agua a los usuarios finales, que somos nosotros, los que bebemos el agua, y la estamos utilizando en otras áreas. Es lo que debemos cuidar, intentando que su uso sea racional para todas las áreas de producción”, sugiere.

Aclara que hablar de pagar no equivale a que el importe deba ser elevado desalentando productividad, sino que se trata simplemente de cobrar a efectos de que la entidad a cargo de la gestión del agua, que en teoría es la Seam, disponga de recursos para emprender más investigaciones al respecto. “Así, el dinero con el que pago el agua que consumen mis vacas irá a la secretaría que maneje los recursos hídricos, para que esta haga los balances hídricos, las investigaciones y diga: ‘En esta zona, esta es la cantidad máxima de agua que se puede cosechar, que se puede quitar de un pozo artesiano, que se puede represar de un arroyo o que se puede hacer tajamar’. Es decir, tenemos una ley sin el respaldo que es la reglamentación”, reclama Pérez.

En alusión a la eficiencia, el profesional ilustra la situación: “En el Chaco llueve la misma cantidad que en Israel. Con esa cantidad de agua que cae del cielo, Israel tiene un jardín; nosotros, en el Chaco, tenemos un desierto. La diferencia está en la gestión oportuna del agua; es decir, en manejar cada gotita y llevarla directamente adonde será utilizada”.

En su opinión, los productos químicos que sirven a la agricultura nacional representarían una problemática si fuesen mal empleados y alcanzasen a las aguas subterráneas. “El agroquímico llega al agua porque no tenemos barreras. En ese caso, el veneno, como mal se dice, puede ser el problema, pero, en realidad, la mala praxis es el problema, no el agroquímico”, esclarece Pérez.

Agua virtual

Se llama agua virtual a la cantidad de esta que se requiere para lograr un buen servicio. El concepto fue creado por John Anthony Allan, profesor de la Universidad de Londres, en 1993, y se aplica también a la industrialización.

La sociedad del siglo XIX es distinta a la actual, cuyos integrantes se desplazan en automóviles o aviones; desempeñan sus actividades laborales, profesionales, estudiantiles y hasta lúdicas detrás de una notebook, smartphone u otras fabricaciones, todas derivadas de procesos industriales que recurren a grandes cantidades de agua.

Se sabe que se requieren 1000 l de agua para obtener 1 l de leche, 16.000 l de agua para 1 kg de carne vacuna, 900 l de agua para 1 kg de maíz, 1350 l de agua para 1 kg de trigo, 2400 l de agua para una hamburguesa simple, entre otros.

Así como existe la huella de carbono, existe la huella hídrica, que es la representación del volumen de agua que utiliza una persona al año en la cobertura de sus necesidades y el mantenimiento de su nivel de vida. También se aplica el mismo concepto a una industria.

El promedio mundial de huella hídrica es de 1240 m3/año/persona, siendo la estadounidense la superior, con 2500 m3/año/persona. “Si la dieta es vegetariana, la huella hídrica de la persona es de 2,6 m3/día, en tanto que para una dieta carnívora es de 5 m3/día”, ejemplifica el Ing. González Fiori.

Peligros

El hidrólogo Elías Díaz Peña, director de la oenegé Sobrevivencia, ya había exteriorizado que la ley de recursos hídricos establece el ancho de la zona de protección de cauces. Sin embargo, ya existe una reglamentación que determina que los propietarios de tierras agrícolas deben preservar el 25 % de los bosques de su propiedad, disposición que no se cumple y la deforestación continúa a gran escala.

El presidente de la Asociación Paraguaya de Recursos Hídricos (APRH), Miguel Ángel Rivarola Sosa, también habló de las adversidades que afectan al líquido vital, como la sobreexplotación y contaminación. “El lago Ypacaraí es el reflejo de cómo manejamos los recursos hídricos en el país”, lamenta.

silvana.bogarin@abc.com.py