Todos los contenidos de las distintas áreas curriculares se ven enriquecidos y facilitados cuando se los relaciona e integra con temas transversales, como los de educación vial y la concepción sistémica del tránsito, facilitando los aprendizajes significativos y el compromiso individual y social con estas temáticas.
Cada vez que el individuo «sale» a la calle, «entra» y «hace» el sistema del tránsito con los demás usuarios de la vía en el que debe aplicar y renovar los contenidos conceptuales, procedimentales y actitudinales aprendidos.
La problemática de la educación vial está muy ligada a la prevención de accidentes de tránsito. Pero, ¿qué se entiende por un accidente de tránsito?
El diccionario de la Real Academia Española define la palabra «accidente» como «suceso eventual o acción que involuntariamente ocasiona daño para las personas o las cosas».
Un accidente siempre es no intencional, pero también en la mayoría de los casos puede evitarse tomando algunas precauciones. El análisis detallado de los accidentes de tránsito ocurridos revela que la mayoría de ellos obedece a causas precisas que podrían haberse evitado. Los accidentes son situaciones posibles de suceder si se dan determinadas condiciones. Conocer y evitar esas condiciones es reducir la posibilidad de que sucedan. Es por eso que en los países más avanzados en seguridad vial se han tomado medidas diversas que produjeron significativas bajas en los índices de mortalidad y morbilidad. Revertir el sistema fatalista de creencias acerca de los accidentes de tránsito constituye una tarea educativa esencial para el desarrollo de una cultura de la prevención.
La creencia generalizada del accidente como fatalidad inevitable preocupa a los expertos de todo el mundo, por lo que en algunos ámbitos se procura el uso de otras palabras que no se refieran a una creencia de inevitabilidad, tales como, siniestro, choque, colisión, incidente, entre otros.
El tránsito es «el desplazamiento de vehículos y personas a lo largo de las vías de circulación bajo un sistema convencional de normas». Desde este punto de vista, el tránsito es un sistema organizado y conformado por el hombre. Todas las personas que circulan por la vía pública hacen una parte del mismo, en interdependencia de los unos con los otros. Cada vez que alguien «sale» de su casa y comienza a andar, «entra» a formar parte de un todo en movimiento. A todos los que se desplazan, independientemente de adónde vayan, los une el objetivo común de circular de un punto a otro. Cada uno depende de los otros para que el objetivo se cumpla. En el enfoque sistémico del tránsito la conducta individual de cada uno condiciona e influye sobre la de los demás y viceversa. Cada usuario de la vía es responsable de una parte del tránsito.
Es fundamental motivar en los jóvenes el desarrollo de actitudes y comportamientos seguros como usuarios de la vía pública, en general, y como conductores de todo tipo de vehículos, en especial, logrando una movilidad segura en el tránsito para el cuidado de su propia vida y la de los demás, y una mejor convivencia en el espacio compartido de la vía pública.
