Kazdin (1997) define los trastornos del comportamiento como «un patrón de comportamiento persistente a lo largo del tiempo, que afecta a los derechos de los otros y violenta las normas apropiadas de la edad. Implica la presencia de conductas inadecuadas para la edad, dificultades en el funcionamiento diario del alumno o alumna en el ámbito familiar, escolar o social, llegando a ser vistos con frecuencia como “inmanejables” por las personas de su entorno».
En algunos casos, estos trastornos del comportamiento que se inician en la infancia pueden mantenerse hasta la edad adulta presentando en la madurez conductas antisociales. En este sentido, parecen existir ciertos factores de riesgo que nos ayudarían a predecir la continuidad de estos trastornos, tales como una elevada frecuencia o la presencia de problemas de conducta con componente agresivo.
Factores que predicen la continuidad del trastorno de conducta en la edad adulta
Existencia de trastornos de conducta graves antes de los 11 años.
Elevada frecuencia, intensidad y diversidad de los síntomas.
Problemas de conducta con componente agresivo.
Comorbilidad con el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
Bajo nivel intelectual.
Antecedentes familiares de trastornos antisociales crónicos o delincuencia.
Disfuncionalidad a nivel familiar.
Dificultades socioeconómicas.
En la quinta edición del DSM (APA, 2013) se establece la categoría de los trastornos destructivos del control de los impulsos y de la conducta, dentro de la cual estarían, entre otros, el trastorno negativista desafiante, el trastorno explosivo intermitente, el trastorno de la conducta, el trastorno de la personalidad antisocial, piromanía (provocación de incendios, experimentando placer al hacerlo), cleptomanía (impulso de robar sintiendo placer al hacerlo), además de la categoría del control de los impulsos y de la conducta, especificado (no cumple criterios de la categoría del trastorno destructivo, del control de los impulsos y de la conducta, y se especifica motivo) y del trastorno destructivo, del control de los impulsos y de la conducta, no especificado (no se especifica el motivo del no cumplimiento de los criterios diagnósticos de la categoría).
Comentaremos a continuación las características de algunos de los trastornos más frecuentes
El trastorno negativista desafiante
Este trastorno se define como un patrón de enfado/irritabilidad, discusiones/actitud desafiante o vengativa que dura por lo menos seis meses. Los menores que presentan este trastorno se muestran generalmente desafiantes ante la autoridad y las normas que frecuentemente incumplen.
Las manifestaciones o síntomas, según el DSM-5 (APA, 2013), se agrupan en las siguientes categorías:
A) Enfado/irritabilidad:
1. A menudo pierde la calma.
2. A menudo está susceptible o se molesta con facilidad.
3. A menudo está enfadado y resentido.
B) Discusiones/actitud desafiante:
1. Discute a menudo con la autoridad o con los adultos, en el caso de los niños y los adolescentes.
2. A menudo desafía activamente o rechaza satisfacer la petición por parte de figuras de autoridad o normas.
3. A menudo molesta a los demás deliberadamente.
4. A menudo culpa a los demás por sus errores o su mal comportamiento.
C) Vengativo:
Ha sido rencoroso o vengativo por lo menos dos veces en los últimos seis meses.
