El naufragio (adaptación) (2)

Seguimos leyendo esta tierna historia de Mario y Julia.

Actividades.
Actividades.Archivo, ABC Color

Ella sintió una profunda pena y trató de animar a Mario como mejor supo. Cambió de conversación y le contó infinidad de historias divertidas, con el único fin de animarle un poco. Mario agradeció el interés que mostraba por él, e incluso, consiguió reírse de las ocurrencias de Julia; por unos instantes había olvidado las desgracias que tanto le habían entristecido.

–Te lo aseguro que sí –decía Julia al final de una historia disparatada.

–No, no me lo creo –reía Mario. Y los dos acababan a carcajadas, como si una alegría inmensa se hubiese apoderado de ellos. Estaban felices por haber encontrado un amigo, y el marinero italiano también estaba contento de ver a Mario con un poco más de entusiasmo.

–No conviene que sigan en cubierta –les dijo–. Se está levantando mucho viento. Bajen a la cocina para que les den un poco de comida.

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Mientras los niños cenaban, el mar fue empeorando con rapidez. El viento cada vez era más fuerte y las olas cada vez más grandes, se acercaba una fuerte tormenta y gran cantidad de relámpagos iluminaban la noche. La situación era muy inquietante y el capitán del barco estaba preocupado por su suerte.

Los niños no pudieron terminar la cena, ya que el vaivén del navío era tan grande que comenzaron a marearse. Los pasajeros corrían asustados de un lado a otro y la tripulación procuraba tranquilizarlos.

Mario y Julia, algo asustados, regresaron a cubierta para ver lo que sucedía. El aspecto del mar era impresionante. De pronto, una ola saltó la borda e inundó la cubierta, arrastrando a Mario, que caminaba delante. El muchacho fue a estrellarse contra unos bidones y quedó sin sentido, con una brecha sangrante en la frente.

Julia corrió hacia él, le arrastró como pudo y le llevó a un lugar más resguardado, donde trató de reanimarle. Su vestido se había manchado de sangre.

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Mientras, la situación del barco era desesperante, en la sala de máquinas se había producido una vía de agua y era imposible contenerla. Se hundía sin remedio. Los pasajeros gritaban despavoridos y algunos, desoyendo los consejos del capitán, se habían lanzado al mar. Las barcas de salvamento habían sido destrozadas por las olas, solo quedaba una en buen estado; pero mientras perdurase la tormenta era inútil intentar ponerle a flote.

Sobre el libro

Libro: Corazón de Amicis

Título: Naufragio

Editorial: europa-ediexports s. a.

Serie: Lecturas

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