El naufragio (adaptación) (3)

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El naufragio (adaptación) (3)
El naufragio (adaptación) (3)

Llegó el momento de conocer el final de esta gran aventura.

La noche fue horrible e interminable. La tormenta parecía no acabar nunca y el barco se hundía lentamente.

Los pasajeros habían dejado de gritar y parecían resignados con su suerte. Eran conscientes de que les aguardaba un gran peligro.

Julia no se separó un momento de Mario, le cuidó con gran cariño, limpiándole la herida de la frente y arropándole con una manta. Al amanecer volvió en sí.

—¿Qué ocurre? —preguntó.

—Te arrastró una ola y te golpeaste la cabeza; has estado mucho rato sin sentido.

Mario se quedó mirando la sangre del vestido de Julia.

Emocionado, preguntó:

—¿Y tú… me has curado?

—Sí.

—Eres… muy buena.

Aquel gesto le llegó hasta el fondo del corazón. Había alguien en el mundo que demostraba verdadero afecto por él. Ya no estaba tan solo.

La tormenta comenzó a amainar. El capitán ordenó que pusiesen a flote la única barca de salvamento que quedaba, al menos algunas personas podrían salvarse. Lo hicieron a toda velocidad, pues el barco se hundía ya sin remedio.

—¡Rápido! —gritaba el capitán—. ¡Rápido! ¡Rápido!

Consiguieron meter en la barca a catorce personas y aún quedaba espacio. Alguien gritó desde la barca:

—¡Un niño! ¡Aún cabe un niño!

Entonces el capitán se dirigió a Mario y le dijo:

—Tú, muchacho, salta. Has tenido suerte, podrás salvarte.

Mario corrió hacia la borda. Solo tenía que dar un salto y alcanzar la barca del salvamento. Pero una imagen que cruzó súbitamente por su cerebro le detuvo. Era el vestido de Julia manchado por su sangre. Entonces, agarró a la muchacha, la acercó a la borda y la empujó.

—¡Sálvate tú! —gritó—. ¡A mí nadie me está esperando!

Julia cayó al agua, pero fue recogida enseguida por los hombres de la barca.

El capitán se percató de que aún quedaba un lugar para un niño. Agarró a Mario y lo empujó. Los ocupantes de la barca rescataron a Mario y comenzaron a remar con fuerza para alejarse cuanto antes del barco. De esta forma ambos niños pudieron salvarse.

Cuando Julia logró dirigir su mirada hacia el barco, este ya no estaba. Solo un gran remolino indicaba que había sido tragado por el mar.

Cuando el barco se hundió, Mario pensó en lo afortunado que fueron los que lograron salvarse del naufragio.

Julia y Mario se abrazaron y comenzaron a llorar.

Sobre el libro

Libro: Corazón de Amicis

Título: Naufragio

Editorial: europa-ediexports s. a.

Serie: Lecturas