Los imperios americanos

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Cuando hablamos de imperios, es muy común que nos venga en mente primero imperios pertenecientes al Viejo Mundo, como el Imperio romano, o al Asia con los persas, o el norte de África como el caso de los egipcios. Sin embargo, nuestro continente fue cuna de gigantescos imperios, no solo por su extensión territorial producto de sus conquistas, sino que también por sus avances.

Dos espacios geográficos ofrecieron inigualables condiciones para que, algunos de los primitivos grupos de cazadores recolectores dieran un paso más hacia el desarrollo de sociedades agrícolas, con la implementación de la cría de animales y el cultivo de alimentos: Mesoamérica —sur de México y gran parte de Centroamérica— y la región denominada de los Andes centrales, especialmente Perú. Contar con los alimentos a disposición de la población permitió el asentamiento definitivo en los lugares de producción, y las sociedades evolucionaron primero en aldeas y posteriormente en grandes ciudades. En este proceso también se desarrolló la división del trabajo, la jerarquización de las sociedades y convirtió a dos de los pueblos originarios en grandes estados: El Imperio azteca y el Imperio inca. Ambos imperios americanos se destacaron notablemente por su logros en diferentes aspectos, como el desarrollo del arte, las técnicas diseñadas para la producción de alimentos, la construcción de monumentales edificaciones y complejas ciudades, calendarios, sistemas jeroglíficos, etc.