¡A reír con mamá!

Este artículo tiene 10 años de antigüedad
Imagen sin descripción

Una buena manera de compartir con tu madre esta fecha tan especial es deleitándola con unos momentos de humor. Lee los chistes y disfruta ese momento maravilloso de verla feliz: sonriendo y riendo con estas ocurrencias.

Mamá 1: ¿Cómo haces que tu hijo, que es tan dormilón como el mío, se levante por las mañanas para ir a la escuela?

Mamá 2: Muy sencillo, solo llevo el gato a la pieza de mi hijo y enseguida sale corriendo.

Mamá 1: No entiendo, ¿solo con el gato?

Mamá 2: El perro ya está en la pieza del niño.

***

La madre al hijo: «Te lo advierto, si te caes de ese árbol y te rompes ambas piernas, ¡no vengas corriendo hacia mí!».

***

Una señora fue a despertar a su hijo y le dice: «Despierta, hijo. Es hora de ir a la escuela!». El hijo le responde: «¿Por qué?

No quiero ir, mamá».

La mamá le replica: «Dame dos razones por las que no quieres ir».

Hijo: «Bueno, ¡los niños me odian y los profesores también!».

La mamá alega: «¡Oh, eso no es razón para no ir a la escuela! Vamos, levántate y prepárate».

El hijo replica: «Dame dos razones por las que debería ir a la escuela».

La mamá contesta: «Bueno, primero, porque tienes 42 años y, segundo, porque eres el director».

***

Evelyn: La madre de Óscar tuvo cuatro hijos. Tres de ellos se llaman Norte, Sur y Este. ¿Cuál es el nombre de su otro hijo?

Brian: ¿Oeste?

Evelyn: No, se llama Óscar.

***

A: Mamá, mamá, me toco aquí y me duele, me toco aquí y me duele, me toco aquí y me duele.

B: Pero, hijito, tienes el dedo cortado.

Diálogo entre dos madres de azafatas:

—Mi hija se casó con un piloto italiano. ¿Y la suya?

—Con un vestido de seda.

***

Una joven niñera se comprometió a cuidar por una noche a unos niños mientras la madre de los chicos salía a cumplir un compromiso de trabajo.

A la hora de dormir, la niñera envió a los niños a la cama y ella se dispuso a ver un programa de televisión. En ese momento, uno de los niños intentó salir de la casa arrastrándose por las escaleras; pero la joven lo sorprendió y lo envió de vuelta a la cama.

Aproximadamente a las nueve de la noche sonó el timbre de la puerta: era la vecina de al lado, la señora Deisy, preguntando si su hijo estaba allí. La joven respondió bruscamente: «No». En ese momento, una pequeña cabeza apareció sobre la barandilla y gritó: «¡Estoy aquí, mamá, pero ella no me deja ir a casa!».

Fuente: http://bit.ly/1oJLtZm

Traducido y adaptado por Paulina Gamarra.