La ansiedad es una emoción adaptativa, es decir, necesitamos sentir cierto grado de ansiedad moderada ante situaciones amenazantes para poder salir de ellas y ponernos en estado de alerta. La ansiedad ante los exámenes es una reacción emocional negativa que se genera por la expectativa de la presencia inminente de un examen, la cual se percibe como amenazante.
Por tanto, sentir ansiedad, nervios ante un examen es normal y adaptativo. El problema viene cuando se manifiesta en grados elevados de ansiedad, lo cual puede provocar unas manifestaciones nada adaptativas, tanto fisiológicas (palpitaciones, mareos, sudoración o manos frías, dificultades para tragar o respirar, etc.), cognitivas (temor, indecisión, percepción de falta de control, preocupación excesiva, autoestima baja, dificultades para pensar o concentrarse, etc.) o motoras (temblores, tics, lloros, parálisis, fumar, comer o beber, intranquilidad motora, etc.), interfiriendo incluso en la salud de los alumnos.
Un estudio reciente advierte de la importancia de la intervención preventiva de la ansiedad ante los exámenes, tanto desde el contexto escolar como del familiar. En esta investigación han encontrado que factores como haber repetido curso, experiencias negativas en el aula, la ausencia de apoyo de los profesores o la historia académica de los padres son factores que pueden aumentar en nivel de ansiedad de los estudiantes frente a los exámenes.
¿Y qué podemos hacer como padres para que nuestros hijos no pasen por una mala época? Aquí te damos las claves para superar la ansiedad ante los exámenes junto a ellos.
1. Comprendamos a nuestro hijo. Es de vital importancia que nuestro hijo sepa que estás a su lado para apoyarle y que vamos a hacer lo posible para que nadie le moleste mientras está estudiando. Intentemos que su lugar de trabajo sea un lugar tranquilo y cómodo, bien iluminado y ventilado.
2. Entendamos el temario. No hay nada más reconfortante que ver cómo un hijo se sabe la lección. Por ello, preguntémosle el temario que toque y que lo explique de manera que lo entendamos. Este es un esfuerzo cognitivo que el alumno hace sobre los conceptos, que va más allá de la memorización, ayudando a consolidar la asignatura.
3. Practiquemos simulacros de examen. Pensemos, entre todos, posibles preguntas que puede hacer el profesor e intentemos contestarlas de la manera en que al profesor le gusta.
4. No hay lugar para el lenguaje negativo. Las frases “no puedo”, “no me sale” o “por mucho que me esfuerce….”, son expresiones que deben desaparecer y sos vos, como adulto, el que tiene que convencerle que sí se puede si uno se esfuerza. Pero, para ello, el primero en estar convencido debe ser uno mismo.
5. Confeccionemos un horario de estudio. En esta época de exámenes es muy importante organizarse desde un principio para que no se acumule todo el trabajo al final y la ansiedad no sea más de la que pueda ser. Completemos un horario en el que haya horas de estudio, pero también momentos para el tiempo libre.
6. Si los resultados del primer examen son buenos, recompensémoslo. Es un esfuerzo extra que hace y seguro se lo merece. Esto le motivará para seguir el mismo ritmo o mayor en los siguientes exámenes. Recompensa los que vengan después. Si, por el contrario, los resultados no son los esperados, animémosle a continuar esforzándose convenciéndole de que puede conseguir lo que se proponga. De nada sirven los reproches, del mismo modo que no querríamos que hiciera nuestro jefe con nosotros.
Fuente: Actualpsico. Revista.
