Prof. Angélica Saucedo
(Silvia Schujer, argentina)
A raíz del extraño anuncio aparecido en diversos diarios de esta capital: «BRUJA SE OFRECE PARA TODO TRABAJO», enviados especiales de nuestro medio fueron afectados a la tarea de ampliar la información. A tal fin se dirigieron a la lejana choza de Frígora, con quien sostuvieron el siguiente diálogo:
PERIODISTA: Señorita Frígora, ¿qué opinión le mere
? Perdón, ¿señora o señorita?
FRIGORA: Ni una cosa ni la otra, mhijo. Dígame Frígora a secas. Las brujas no tenemos nada que ver con esas paparruchadas de los humanos.
P: Muy bien. Frígora. Dígame entonces: ¿qué opina del aviso aparecido en los diarios?
F: Vea querido. Lo que yo opino es asunto mío. Pero ya que se vino hasta acá, le voy a decir una cosa: el problema de las brujas es algo serio. Tenemos poco trabajo, no podemos jubilarnos y el precio de las escobas está por las nubes. De lo que vale la comida para cuervos y lechuzas, ni le cuento.
P: Un momento. ¿Por qué dice que tienen poco trabajo?
F: ¿Y a usted qué le parece? En otros tiempos no nos alcanzaban las pócimas para hacer nuestros maleficios. Nos llamaban de todas partes. Poníamos en marcha las escobas y
¡qué tiempos eran aquellos!
P: ¿Y ahora, digo?
F: ¿Ahora? ¡Qué escobas ni ocho cuartos! Desde que aparecieron los aviones y las aspiradoras, las escobas no les interesan ni a los barrenderos. Además con ese tal Superman
P: Bueno, bueno. Pero ¿qué me dice de los cuentos?
F: Linda pregunta. ¿Por qué no se lo pregunta a las hadas y a los príncipes que también están desocupados? En otra época no había un solo cuento en donde no estuviéramos. Acuérdese si no del hechizo que le hicimos a la Bella Durmiente.
P: ¿Y por qué cree que las cosas cambiaron tanto?
F: Vayamos por parte. Por un lado la gente ya no se asusta con nosotras. Antes éramos viejas sin dientes y teníamos la cabeza desgreñada con todos los pelos electrizados. Por otro lado, con este asunto de las dentaduras postizas y las peluquerías, nosotras estamos más presentables. Nadie nos reconoce de entrada.
P: Si me permite, Frígora, una pregunta indiscreta: ¿cuántos años tiene?
F: Setecientos veintiocho más o menos.
P: Y si tiene tantos, ¿por qué no se jubila?
F: ¿Usted se está burlando de mí? El diablo no paga jubilaciones. Los brujos tenemos que hacer brujerías hasta que el patrón nos convierte en otra cosa y así volvemos a nacer. ¿Ve a ese cuervo? Bueno, esa es la nueva vida del Brujito de Gulubú .Y esa lechuza que lo mira fijo es mi amiga Ághata. Malísima, vea.
P: ¿Qué lechuza?
F: ¡Esa! ¿No la ve? Claro, ni siquiera la ve. Y le digo que no hace maldades desde hace como seis meses y usted ni mu. Adónde vamos a ir a parar con tanta juventud sin miedo
P: Bueno, bueno. No se ponga así. Un poco de miedo tengo.
F: ¡Qué se va a asustar con eso! Los mortales tienen otras preocupaciones. ¿O me va a comparar las armas de fuego y la bomba atómica con los hechizos de una pobre bruja?
P: En eso tiene razón, Frígora.
F: Así es. Pero usted va a tener que hacerme un gran favor. Escriba en su diario que las brujas existimos, ¿de acuerdo? A ver si con eso conseguimos algún trabajito.
(Fragmento)