Era una mañana como cualquier otra. Yo, como siempre, me hallaba de mal humor. Te regañé porque estabas tardando demasiado en desayunar, te grité porque no parabas de jugar con los cubiertos y te reprendí porque masticabas con la boca abierta.
Camino a la escuela no hablaste. Te despediste de mí tímidamente y yo solo te advertí que no te portaras mal.
A la hora de cenar arrojé la servilleta sobre la mesa y me puse de pie furioso porque no parabas de jugar, y subí a mi habitación.
Me di cuenta de que había exagerado mi postura y tuve el deseo de bajar para darte una caricia, pero no pude.
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Luego escuché unos golpecitos en la puerta. “Adelante” dije; abriste muy despacio y te detuviste indeciso en el umbral de la habitación.
Te miré con seriedad y pregunté: ¿Te vas a dormir?, ¿vienes a despedirte?
No, contestaste. Caminaste lentamente con tus pequeños pasitos y sin que me lo esperara, aceleraste tu andar para echarte en mis brazos cariñosamente.
Te abracé y con un nudo en la garganta percibí la ligereza de tu delgado cuerpecito. Tus manitas rodearon fuertemente mi cuello y me diste suavemente un beso en la mejilla.
“Hasta mañana, papito”, me dijiste.
Me había acostumbrado a tratarte como a una persona adulta, a exigirte como si fueras igual a mí y no lo eras. Tú tenías unas cualidades de las que yo carecía: eras legítimo, puro, bueno y sobre todo, sabías demostrar amor. ¿Por qué me costaba tanto trabajo? ¿Por qué tenía el hábito de estar siempre enojado? Yo también fui niño.
Después de un rato entré a tu habitación, dormías profundamente. Me incliné para rozar con mis labios tu mejilla, respiré tu aroma limpio y dulce. No pude contener el sollozo y cerré los ojos. Me puse de rodillas y asentí mi error en silencio.
Algún día sabrás que los padres no somos perfectos, pero sobre todo, ojalá te des cuenta de que, pese a todos mis errores, te amo más que a mi vida.
Anónimo.
Actividad
. Elabora una carta a tu Papá agradeciéndole por todo el amor que te brinda todos los días.
.Escríbela en una hoja y dibuja un momento o un lugar que hayas compartido con tu papá y que nunca has olvidado.
