El arte de saber hablar y saber callar

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“El silencio es de oro, la palabra de plata”, dice un viejo proverbio. La psicología moderna ha confirmado plenamente a través de sus investigaciones que en la realidad y muy a menudo es mejor callar que hablar.

La mayoría de la gente piensa que hablar es la mejor manera de convencer a las demás personas acerca de una determinada idea. Algunos dirigentes de grupos creen que después de haber pronunciado un largo discurso durante una reunión, sus oyentes salen perfectamente imbuidos de las verdades que habían proclamado.

El silencio en la educación de los hijos

En cierta ocasión conversando con una amiga me había comentado que su hija cultivaba el “vicio” de la mentira. “Especialmente –agregó- cuando sabe que va a ser castigada”.

En consecuencia sugerí a la madre que no diera ninguna importancia a las mentiras de la pequeña y que, por el contrario, simulara creer firmemente lo que escuchaba. Tres meses después, supe por esa misma amiga que la niña había abandonado por completo la manía de mentir. Como vemos el silencio realizó el milagro.

Sin embargo, no quiero afirmar que no se les deba señalar a los niños el camino correcto callando lo que hiciesen, sino que con ello les demostramos, simplemente, que la excesiva represión puede ser más perjudicial que el silencio.

¿Hablar o callar en la enseñanza?

Muchos profesores o instructores todavía acostumbran hablar solamente ellos durante toda la clase, después de la cual van sin preocuparse por saber si fueron comprendidos o si los alumnos aprendieron realmente algo.

Lamentablemente lo aprendido por los alumnos en este sistema no es satisfactorio. Basta con comprobar lo que retuvieron los adultos de su aprendizaje primario o secundario.

La enseñanza verbal ex cathedra está completamente desligada de la vida real.

Acercar la enseñanza a la vida es el propósito de todos los educadores modernos, quienes aconsejan disminuir las clases verbales y aumentar los ejercicios personales y las investigaciones individuales o en grupos.

Quien visite actualmente un moderno establecimiento de enseñanza, en el que se practiquen métodos activos, quedará sorprendido por la dificultad de encontrar al profesor; por regla general, se lo ubica en medio de sus alumnos, sentado a su lado y orientando a uno u otro de los equipos de trabajo.

El silencio en los conflictos entre personas

Con frecuencia surgen choques, conflictos y disputas en el seno de los grupos sociales, entre equipos de trabajo y entre los integrantes de estos equipos, entre esposos, padres e hijos. Muchos de estos incidentes podrían evitarse normalmente si uno de estos elementos en pugna, en lugar de reaccionar con agresividad ante una situación en que se halla el ofendido, utiliza el silencio. “Cuando uno no quiere, dos no pelean”, dice más o menos un viejo adagio.

Por otra parte, callar no significa precisamente debilidad o pasividad. En las situaciones señaladas, el silencio supone presencia de ánimo, fuerza de voluntad y actitud vigilante. El silencio del que hablamos es un silencio activo, pues es voluntario.

Es preciso poseer cierta fuerza de voluntad para saber callar, en lugar de hablar, en tales situaciones. Por increíble que parezca, callar es mucho más difícil que hablar.