Huerta comercial (1)

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La utilización de la huerta o la granja como una fuente de ingresos para las escuelas o familias las vuelve sustentables económicamente hablando. Además de convertirlas en un elemento más para aprender operaciones matemáticas y desarrollar la responsabilidad financiera.

Todos los productos de la huerta son, desde un principio, comercializables, ya sea el producto en fresco o procesado y los subproductos.

Algunos posibles productos podrían ser: hierbas medicinales o aromáticas, semillas, plantitas de semillero, plantones o plantas en macetas (hortalizas o frutales); alimentos crudos, elaborados o en conserva (pickles, dulces, salsas, desecados); platos preparados, bebidas y refrigerios, bolsas de compost o humus; productos de jardinería, como plantones de árboles nativos, pesticidas caseros, flores; arreglos florales, esponjas vegetales para baño o consumo, naturales o elaboradas; huevos, polvo de cáscaras de huevo para alimentación humana o animal, cáscaras de huevo en trozos para fertilizante o decoración de objetos, carne, plumas teñidas para bisutería o disfraces, entre otros. La lista de productos y subproductos se extiende hasta donde la imaginación nos lleve.

Para decidir qué cultivar, elaborar y vender, debemos primeramente estudiar el mercado para hallar posibles puntos de venta: tiendas, mercados, puestos callejeros, venta a domicilio, fiestas de la escuela, actividades sociales de la iglesia, club de jóvenes, puestos en la escuela o alrededores, comedor escolar, restaurantes, cafés o bares locales.

Todo esto dependerá también de los posibles clientes y de las posibilidades iniciales con que se cuenta. Para ello, además del estudio de mercado, es necesario hacer las averiguaciones correspondientes sobre las preferencias de la población que recibirá los productos.

Fuente: FAO (2006). Crear y manejar un huerto escolar: Un manual para profesores, padres y comunidades.