Mario Benedetti manifiesta: “Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace en menos tiempo de lo esperado”.
El autoconcepto comienza a formarse hacia los dos años en el niño. Se basa en la capacidad del niño para comunicarse con las personas y que las mismas trasformen el mundo según sus necesidades. Si a un niño nadie le hace caso y nadie le cubre sus necesidades va a ir creando una imagen negativa sobre sí mismo, esto a su vez va desencadenando otras dificultades (decaimiento, inseguridad afectiva, falta de iniciativa), por tanto, va teniendo bajo concepto de sí mismo. Todo autoconcepto debe ajustarse a la realidad de las capacidades para poder mejorar y recibir con naturalidad cualquier crítica.
La autoestima es un aspecto del autoconcepto que implica juicios sobre la valía de uno mismo y los sentimientos asociados con esos juicios. Influye en las experiencias emocionales del niño, en su conducta y el ajusto psicológico a largo plazo.
A la edad de 7 u 8 años los niños han formado por lo menos 3 autoestimas separadas pero interconectadas: académica-social-física que van perfeccionándose en la medida que crecen y se desarrollan. La valía académica se divide en la ejecución de las diferentes materias escolares, la social se divide en las relaciones de iguales y de los padres. Con la llegada de la adolescencia se añaden varias dimensiones de la autoestima: interés romántico, amistad íntima, competencia laboral, que reflejan las notables preocupaciones en este periodo.
La escuela debe ser un espacio de realizaciones para el niño, todo lo bello que trae del hogar debe ser potenciado y aquellos aspectos descuidados también necesitarían de la capacidad profesional y voluntad del docente. Recordemos que la realidad social nos empuja a ser cada vez más creativos e imaginativos para apuntalar la personalidad del alumno.
Recomendación terapéutica
1. Valora y aceptar a todos los alumnos.
2. Fomentar un clima de seguridad en la escuela.
3. Utilizar estrategias que faciliten el contacto con el alumnado.
4. Crear grupos de apoyo entre el alumnado.
5. Trabajar con el alumnado por la autoconfianza, autodisciplina y autoconcepto abriendo redes interinstitucionales.
