Existe un verdadero arte llamado luminotecnia, que estudia las principales características de las luces y, por consiguiente, los distintos tipos de lámparas, así como la fórmula para establecer exactamente la cantidad y la calidad de iluminación para determinados ambientes.
Lámparas fluorescentes: desde hace mucho tiempo se utilizaban para iluminar oficinas y locales públicos, pero actualmente ya pasó a formar parte de la vivienda.
Utilizan para producir luz, la energía radiante de unos gases contenidos en un tubo de vidrio, en cuyas extremidades existen dos electrodos que provocan una circulación de energía eléctrica.
La eficacia de las lámparas es muy positiva con respecto a la cantidad e energía consumida, no despiden calor y pueden instalarse en lugares poco aireados.
Diversos tipos de luces
Directa: siempre utilizan lámparas incandescentes, montadas tras un cristal, cuya misión consiste en reflejar rayos luminosos en una determinada dirección con haz de luz. Estas lámparas se llaman focos. Resultan necesarias cuando se desea concentrar la luz en un punto determinado: en la mesa de trabajo, en la mesita de luz, al lado del sofá de lectura, para hacer resaltar una obra de arte.
Difusa: se obtiene cubriendo la bombilla con algún material no transparente; la luz se difunde en ángulos. Pero la lámpara debe estar aireada por el efecto de calor que despide, cuya función consiste en proporcionar una iluminación difusa, suave y agradable.
Mixta: una lámpara puede difundir por un lado una luz directa y por otro lado una luz indirecta. Su empleo es muy práctico, ya que permite realizar actividades como escribir, trabajar, comer, sin establecer límites entre la zona iluminada y la zona en penumbra.
Indirecta: es aquella que se obtiene dirigiendo el haz de luz sobre una superficie sin que la bombilla esté a la vista. El techo de una habitación pintada en color claro sirve como elemento reflectante, lo que permitirá una iluminación adecuada en la habitación.
Diversos tipos de lámparas
Colgantes: suspendidas desde el techo, ideales para iluminar la sala, el comedor, espacios que se quieren destacar. Pueden ser de luz directa o difusa.
De pie: indicadas para iluminar los rincones de lectura, de conversaciones y lugares de trabajo.
De mesa: existen diversos modelos, con distintos tipos de iluminación.
Apliques y plafones: mediante estos tipos de lámparas es posible establecer zonas completamente iluminadas o juegos de luces.
El color, el aliado de la iluminación
Los colores claros absorben menos luz, por lo que se refleja más; por el contrario, con los colores oscuros, se consigue el efecto opuesto.
Amarillos y blancos son muy buenas elecciones a la hora de ganar luminosidad. Los colores claros y suaves siempre dan sensación de amplitud y claridad.
Pintar las ventanas del mismo color que las paredes da un mayor efecto de luminosidad en las habitaciones.
La luz intensa provoca energía y, por el contrario, la luz suave induce al sueño.
Un exceso de luz intensa puede crear un deslumbramiento, fatiga y dolor a la vista. Este exceso de luz puede ser producto de la mala posición de la lámpara o un desmesurado contraste entre luces y sombras.
La luz cálida tiende a relajar y a hacernos sentir a gusto. La luz fría nos tranquiliza.
La luz natural
La luz natural que entra en una habitación depende de su orientación geográfica (punto cardinal), de su entorno inmediato (si hay o no un edificio o cualquier edificación enfrente) y del tipo de aberturas que se usaron para su construcción.
La ventana y la puerta tienen su influencia para la entrada de luz en una habitación. Su tamaño y su ubicación son el secreto para una excelente entrada de luz.
Si la ventana está ubicada en el centro de la pared, permite una luz de mayor intensidad y más uniforme.
Para que la luz entre con mayor facilidad, es importante tener especial cuidado de no obstaculizar las aberturas.
Las puertas corredizas son útiles para separar ambientes sin dificultar el paso de la luz.