Los relatos de sucesos imaginarios en los que a menudo participan seres extraordinarios o sobrenaturales que viven en un tiempo remoto y en un mundo muy diferente del actual se llaman mitos.
Vamos a leer este mito
Al principio solo existían dos cosas: Kóoch, que siempre estuvo, y una oscuridad absoluta que no dejaba que las cosas existiesen.
Tanto tiempo pasó Kóoch en medio de las sombras, y su soledad era tan grande que empezó a llorar; sus copiosas lágrimas forman el Arrok, el mar amargo.
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Un día, Kóoch quiso contemplar mejor su obra y casi no pudo, porque la luz no era bastante. Irritado, levantó bruscamente su brazo, así rasgó de lado a lado el velo de la penumbra y encendió una gran chispa de fuego: Kóoch había creado el Sol. Su calor, en contacto con las aguas, creó las nubes. Luego, Kóoch suspiró, y así se generó el viento, que empezó a jugar con las nubes, corriéndolas por el cielo. Con su risa alocada, el viento creó el trueno. Y ellas, amenazadoras, crearon el relámpago.
Un día, Kóoch descubrió que estaba empezando a aburrirse y pensó que en verdad su obra no estaba terminada. Sintió entonces gran deseo de seguir creando: hizo elevar parte de la tierra que se encontraba debajo del mar y formó una isla en la cual modeló montañas y llanuras, separadas por valles. Todos sus hijos: el Sol, el viento y las nubes, admiraron la belleza de la isla y derramaron sus bondades sobre ella. De ese gesto amoroso de los hijos de Kóoch salieron los arroyos, ríos, lagos y, en ellos, nacieron los peces y sobre la isla crecieron plantas de todos los tamaños que abrigaron a pájaros y otros animales.
Pero sucedió que los primeros hijos de Kóoch empezaron a sentir celos de esta nueva creación y de vez en cuando, olvidaban su generosidad y desataban su furia sobre la isla, castigando a sus habitantes y amenazando con dejar otra vez en penumbra el mundo.
Entonces, Kóoch decidió reprenderlos, les habló con firmeza y ellos se tranquilizaron y comprendieron. La luz continuó brillando.
Mucho tiempo después, Elal, nacido de una nube, y del cruel gigante Noshtex, hijo de la oscuridad, creó a los hombres. Fue su protector y guía. Como vio que tenían frío en invierno y que iban por la oscuridad en las noches, les enseñó a hacer fuego, frotando piedras. Y los hombres dueños del secreto del fuego, ya no temieron más ni al frío ni a la noche: su creador los había protegido para siempre.
Mito tehuelche
Fuente: Prácticas de lenguaje 6. 2010. Editorial Kapeluz. Buenos Aires.
