Lecturas placenteras

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Para un año exitoso

Hoy queremos compartir dos poesías y un lindo texto que, a modo de receta, nos instruye para que aprovechemos todos los días del año y vivamos felices.

Receta de año nuevo

Tome 12 meses que estén bien maduros.

Vea que estén limpios de malos recuerdos, odios y rencores.

Límpielos cuidadosamente de pesimismo, mezquindad y maldad.

Asegúrese de que no quede nada del pasado y manténgalos frescos, como cuando salieron del gran almacén del tiempo.

Corte estos meses en treinta partes iguales. Esa cantidad rinde trescientas sesenta y cinco porciones. No trate de cocinarlos todos a la vez, sino día a día del siguiente modo:

Ponga en cada una de ellos:

Grandes partes de fe.

Una buena porción de paciencia.

Mucho entusiasmo y ganas de trabajar.

Salpique todo con esperanza y buen humor (No omita estos ingredientes o echará a perder el gusto de su receta).

Libertad y respeto en partes iguales.

No olvide incorporar en todo el proceso pedazos de descanso, meditación y oración.

Se sirve con una salsa de amabilidad y alegría. Con los ingredientes bien mezclados, esta receta es de excelentes resultados en cualquier lugar del mundo.

Secretito

Para resaltar el sabor, añada amor a gusto.

Empieza el año

(César Alonso de las Heras, paraguayo)

Empieza el año, Señor,
y todo empieza de nuevo;
dame la gracia de amar,
hasta lo más pequeño.

Empieza el año, Señor,
y yo quisiera ser nuevo
como la flor y la aurora
para entretejer mis sueños.

Sueños de paz y alegría,
sueños de sueño de fuego
donde se queme lo endeble
y solo quede lo eterno.

Trescientos sesenta y cinco
son los días de mi anhelo;
dame la rueda de amor
para rodar este tiempo.

Himno cotidiano

(Gabriela Mistral, chilena)

En este nuevo día
que me concedes ¡Oh Señor!
dame mi parte de alegría
y haz que consiga ser mejor.

Dame Tú el don de la salud,
la fe, el ardor, la intrepidez,
séquito de la juventud;
y la cosecha de verdad,
la reflexión, la sensatez,
séquito de la ancianidad.

Dichoso yo si, al fin del día,
un odio menos llevo en mi;
si una luz más mis pasos guía
y si un error más yo extinguí.

Y si por la rudeza mía
nadie sus lágrimas vertió,
y si alguien  tuvo la alegría
que mi ternura le ofreció.

Que cada tumbo en el sendero
me vaya haciendo conocer
cada pedrusco traicionero
que mi ojo ruin no supo ver.

Y más potente me incorpore,
sin protestar, sin blasfemar.
Y mi ilusión la senda dore,
y mi ilusión me la haga amar.