Letra joven II

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El protagonista del cuento cuya lectura iniciamos la semana pasada ganó fama en el escenario, pero no está seguro de quién es él, dónde inicia ni dónde termina la dramatización ni la vida real. ¡Qué drama! ¿Cómo termina esta historia? Vamos a descubrir recorriendo estas líneas.

La vida en un teatro

Graciela Galeano Ovelar

A medida que transcurrían los días y los actos, la obra cobró gran difusión y fama en la televisión, en la prensa escrita y en la radio.

Damián gozaba ya de fama y, de un día para otro, su lista de amigos aumentó. ¡Qué cantidad de amigos, pero nadie en quien confiar!, se decía en su interior. Al terminar la obra «Vivir soñando», en la cual interpretaba a Marcos, firmó un contrato con el teatro por un año más.

Descubrió que Luana no era tan dulce y femenina como Carmen, y que estaba enamorado de alguien que existió nada más que en un escenario.

Un tiempo después participó en otra obra y la gran diferencia fue que a este personaje lo detestaba porque a él, Damián o Marcos, no se parecía en nada. Pero, como excelente actor que era, lo interpretó de la mejor manera. Para su desgracia personal y éxito profesional, este personaje tuvo mayor difusión y, por lo tanto, mejor fama.

― ¿Qué? ¿Te escuchaste decir eso, Damián?―. La vida lo estaba convirtiendo en eso que tanto odiaba.

Un día entre tantos prendió la cámara y se vio en una de sus actuaciones grabada por su hermano, mientras dejaba resbalar a través de sus mejillas unas lágrimas. No lo podía creer, en su reflejo podía ver aquello que tanto detestaba en su trabajo de camarógrafo y escribió esto:

«Siempre supe que todo era incierto y hoy, a pesar de que aún no ha terminado el contrato, decido dejar este teatro. De que vale seguir si todo por lo que uno lucha es un simple engaño, cuando uno no sabe ni quién es. Y cuando se apagan esas luces y el maquillaje se corre por el sudor, se deja ver un rostro angustiado e infeliz, con un enorme vacío en el corazón, muy parecido a los asientos y al escenario cuando termina una gran actuación. Si he dejado que algún guionista escriba mi vida sin ser siquiera yo el protagonista, si me he enamorado de apariencias y personas que no existen, he tenido amigos que solo fingían serlo, mi vida fue un teatro. Pero existe una gran diferencia: si me equivoco no puedo borrarlo y escribir de nuevo, no tengo otra obra en la cual corregir algún error y a nadie se le paga por mentir, pero lo he adoptado como una forma de vivir».

Dobló el papel y lo dejó en una caja debajo de su cama.

Era hora de reclamar la verdad, de luchar por sus ideales y desenmascarar a tantos corazones oscuros. Él sabía que destruiría muchas ilusiones y su decisión podría ser capaz de romper más de un centenar de corazones.

Era un día especial, su última obra después de más de doscientas actuaciones, si bien aún tenía que representar otras tantas hasta terminar el contrato, decidió sin contárselo a nadie, que sería la última. Esta obra se llamaba «La vida en un teatro», y relataba la historia de una persona que de tanto mentir terminó engañándose a sí mismo y en una de sus hazañas, fingiendo su muerte, terminaba acabando con su vida.

El teatro estaba más lleno que nunca. La gente aplaudía cada vez que iniciaba una escena, apreciaba la obra con una gran cuota de tensión y suspenso como lo incitaba el guion. Pero lo más sorprendente era el inesperado final. La pistola que Johann (el personaje protagónico que representaba Damián) entregaba a un amigo para que fingiera que lo mataba, como por descuido estaba cargada con una bala que le atravesaría el corazón y lo mataría en unos segundos.

El público emocionado y sorprendido por tan dramático final, se levanta a aplaudir y retumba el gran teatro con halagos hacia el actor.

La ovación se iba apagando. Esperaban el saludo de parte de los actores, pero algo terrible sucedió. El protagonista no se levantaba. ¡Qué terrible y fúnebre sorpresa! Damián o Marcos, como sea, en vez de desmontar toda aquella farsa, decidió dejar su alma en el teatro.