Lee la siguiente leyenda y descubre sus características principales.
El trueno y el relámpago
Osununu y Ára Vera
Ára Vera era un joven cacique guaraní. De varonil belleza, su agilidad, fuerza y coraje, hacían de él el cacique más temido por las tribus vecinas y el más querido por los suyos.
Osununu, su bella esposa, era una joven hermosa, que además de poseer una extraordinaria belleza física era dueña de un gran corazón y una nobleza sin igual.
Ára Vera y Osununu andaban siempre juntos; jamás alguien había podido verlos solos, eran realmente compañeros inseparables.
Pero sucedió que un día, una extraña peste se esparció por la región llevándose sin distinción a jóvenes y viejos, hombres, mujeres y niños.
Ára Vera recurrió a todos los curanderos de la región, pero de nada valieron los conjuros de los más famosos hechiceros. El mal siguió su curso, diezmando a la población y llevándose también a Osununu, quien cayó víctima de la terrible enfermedad.
Una gran desesperación se apoderó entonces del joven cacique. Lloraba y clamaba implorando por la esposa amada, pero todo fue inútil, ya que sus lamentos no lograron devolverle la vida.
Después del entierro de su esposa, Ára Vera empezó a vagar por el bosque, llorando y gritando a voces el nombre de su amada compañera: ¡Osununu!, ¡Osununu!, ¡Osununu!
Al escuchar el estremecedor llanto de Ára Vera, Tupã, el buen dios de los guaraníes, se compadeció y lo transformó en un relámpago y le concedió la gracia de estar acompañado siempre de su fiel compañera Osununu, a quien había convertido en trueno.
De esta forma, Ára Vera y Osununu son inseparables hasta nuestros días.
