Los viajes de Gulliver (3)

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¡Al fin conoceremos la última parte de esta aventura de gigantes y enanos!

Luego volvió nadando a Liliput, llevándose consigo el resultado de su día de pesca: la flota entera de Blefescu enganchada con los anzuelos de los piolines.

Gano así una guerra antes de que empezara y sin derramamiento de sangre.

Pero el rey, engolosinado con la victoria, quiso aprovecharse del poder que le daba la amistad del Hombre Montaña: atacaría y conquistaría Blefescu.

Como Gulliver se negó, decidió dejarle ciego mientras dormía. El general de sus ejércitos, un hombre noble, advirtió al Hombre Montaña, quien escapó a nado a Blesfecu.

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Allí, aunque un poco asustados, lo recibieron muy bien, pensando que ahora serían ellos los que tuvieran al poderoso aliado.

Pasado un tiempo en el nuevo país, donde lo trataron mejor aún que en Liliput, Gulliver encontró volcado en la playa, un bote de su tamaño.

Lo reparó y se hizo a la mar donde pronto dio con un barco inglés que lo devolvió a su patria.

Mary, su esposa lo recibió con la alegría que es fácil suponer. Pero no duró mucho su contento.

A los cuatro meses, Gulliver volvió a embarcarse, esta vez en el « Adventure», un barco mercante que salía de Londres.

Llegaron al Cabo de Buena Esperanza y, al pasar al norte de Madagascar, un viento contrario los llevó al este de las Molucas y les hizo perder el rumbo.

Se detuvieron en una isla a proveerse de agua; los hombres asustados huyeron de los gigantes.

A Gulliver lo trataron muy bien los gigantes de Brobdingnag, y lo llamaron Grildrig.

Tan bien lo trataron, que fue a parar a la corte, como regalo a la reina.

Gulliver pidió a la reina que le permitiera a Glumda, la hija de los campesinos que lo encontraron, continuar a su lado.

Y es que Glumda había sido buena con él, lo cuidaba y lo protegía de los enormes peligros.

El bufón real, enano maligno y envidioso, ya había tratado de ahogarle en un plato de sopa, y de aplastarle sacudiendo un árbol de manzanas.

De otros muchos peligros sobrevivió Gulliver, como cuando un mono lo robó de la habitación de Glemda.

Esta mando hacer una casita para Gulliver. Y, una vez, estando en la playa, un ave de rapiña levantó con sus garras la casita que transportaba a Gulliver y se adentró con ella hacia alta mar.

El enorme pájaro fue atacado por un rival de su especie y tuvo que soltar la casita para defenderse.

Fue así como Gulliver volvió a su casa de verdad, un barco encontró la casa flotando en medio del mar y recogió a su morador, llevándolo de nuevo a Inglaterra.

Aunque ni su esposa creyó en sus aventuras, el siguió soñando con conocer nuevas tierras.

Sobre el libro

Título: Los viajes de Gulliver

Autor: Jonatham Swift

Editorial: El Lector