Las siete cabritas
Renée Ferrer de Arréllaga
(Fragmento)
—Hace mucho tiempo, cuando vivía el abuelo de mi abuelo, atravesaba estos campos un zanjón muy profundo adonde los niños tenían prohibido acercarse. En ese entonces habitaba en este lugar una niña pequeña. Cada tarde, cuando terminaba de dar el maíz a las gallinas y recoger los huevos de sus nidos dispersos, le gustaba caminar por el campo. Pero lo que más le atraía de su vida campesina eran las cabritas que cuidaba su abuelo. Les tenía un cariño tan entrañable, que si estaba con ellas se olvidaba de todo. Una tarde, cuando corría hacía el piquete, escuchó que su madre le decía:
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—No te alejes demasiado, Isabel, porque anoche estuvo merodeando por la chacra un tigre feroz.
Así lo prometió la niña y siguiendo un sendero sinuoso se perdió. No bien caminó unos pasos escuchó unos débiles balidos y alcanzó a ver una cabrita deslizándose entre la maleza. Notó una huella roja sobre la tierra reseca y comprendió que estaba herida.
Siguiendo sus quejidos se internó en un montecito. Por el impulso compasivo de ayudar a la cabrita indefensa se fue alejando del rancho inadvertidamente.
De repente la noche cayó sobre los campos. Su determinación de alcanzarla era más fuerte que nunca. Debía curarle la patita. Los murmullos indescifrables de la noche la llenaron de temor. Entonces dos tizones fosforescentes brillaron en la oscuridad. ¡El tigre estaba allí!
Ante el peligro la cabrita huyó despavorida hacia una gruta, donde encontró a sus hermanas que eran seis. La luz plateada de la luna iluminó un foso profundo. Un zarpazo agitó el aire a sus espaldas. Asustada, Isabel corrió apresuradamente hacia el precipicio, donde caería sin remedio.
Entonces las cabritas se tomaron fuertemente las colas con los dientes, formando un puente tibio y palpitante. Sus lomos sedosos la invitaban a cruzar.
Cuando llegó al otro lado, cerró los ojos con terror, pero cuando los volvió a abrir notó con asombro que los animalitos, deshacían el puente, cayendo al vacío.
Al clarear el día los pastores rescataron a la niña compasiva, y a la noche siguiente aparecieron por primera vez en el cielo esas estrellas diminutas que se llaman las siete cabrillas.
Sobre el autor
Renée Ferrer es poetisa, narradora y doctora por la UNA. De fecunda trayectoria literaria, obtuvo premios nacionales e internacionales.
Sobre el libro
Título: La mariposa azul y otros cuentos
Editorial: Intercontinental
