Palabritas dudosas

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• Hay, ahí, ¡ay! • A, ha, ¡ah!

¡Cuánta confusión suelen ocasionarnos estas palabritas! Suenan
parecido, pero se escriben diferente y tienen signifi cados
distintos. La mejor manera de aprender a usarlas correctamente
es practicando, y eso es lo que haremos en esta página.

Ay
Es una interjección que expresa dolor, susto o sorpresa. Ejemplos:
• ¡Ay, qué pena!
• ¡Ay! ¡Qué lindas rosas!

Hay
Del verbo haber. Ejemplos:
• ¿Hay algo que pueda hacer por ti?
• No hay gente en la calles.

Ahí
Es un adverbio que indica lugar o ubicación. Ejemplos:
• ¡Déjalo ahí!
• Estábamos por ahí, cuando escuchamos el estallido.

A
Es una preposición que se utiliza para indicar lugar o tiempo. Ejemplos:
• Estaré allí a las 9.
• Se fueron a la plaza.

Ha
Es una forma del verbo haber. Va seguido de un participio. Ejemplos:
• La niña ha copiado todos los versos del libro.
• Ha sido una larga jornada.

¡Ah!
Es una interjección que expresa pena, sorpresa o admiración. Ejemplos:
• ¡Ah! ¡Qué bárbaro!
• ¡Ah! Eso era todo…

Actividades


1. Completá con hay, ahí o ¡ay!


a. ¡Es inútil que llores! ¡_____ que ser fuerte!
b. ¡_____! ¡Mírame cómo estoy!
c. Estaba escuchando todo, sentada _____ arriba de su montado.
d. El error, si lo _____, proviene de otro departamento.
e. _____ en el corazón de toda mujer una extraña mezcla de curiosidad y vocación maternal.

2. Eliminá la opción que no corresponde, tachándola.

Doctor. —¿Su ficha?
Hans. —Aquí está.
Doctor. —(Leyendo) Sin nombre. Emplea banca. Veinticinco años. Sueldo, doscientos peso. Desengaño de amor. Tiene un libro de poemas inédito. (A – Ah – Ha), un romántico; no creo que sea peligroso. De todos modos, vigílelo sin que él se dé cuenta. Y avise (a – ah – ha) los violines: que toquen algo de Chopin en el bosque al caer la tarde. Eso le hará bien. ¿(A – Ah – Ha) ido (a – ah – ha) ver (a – ah – ha) la señora del pabellón verde?
HANS. —¿La Dama Triste? Está en el jardín de Werther.
Doctor. —¿Vigilada?
Hans. —¿Para qué? La he venido observando días; (a – ah – ha) visitado todas nuestras instalaciones: la de los ahogados, el bosque de suspensiones, la sala de gas perfumado... Todo le parece excelente, en principio, pero no acaba de decidirse por nada. Solo le gusta llorar.
Doctor. —Déjela. El llanto es tan saludable como el sudor, y más poético. Hay que aplicarlo siempre que sea posible.
Hans. —Pero es que igual le ocurre al profesor de Filosofía. Ya se (a – ah – ha) tirado tres veces al lago, y las tres veces (a – ah – ha) vuelto (a – ah – ha) salir nadando. Perdóneme doctor, pero creo que ninguno de nuestros huéspedes tiene el propósito serio de morir. Temo que estamos fracasando.
Doctor. —Paciencia, Hans, nada se debe atropellar. La Casa del Suicida está basada en un absoluto respeto (a – ah – ha)  sus acogidos y en el culto filosófico y ético de la muerte. Esperemos.

(Prohibido suicidarse en primavera, Alejandro Casona, fragmento)