Reciclar, reciclar

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Un día, Adela iba caminando por la calle junto con su madre cuando empezó a escuchar a alguien llorar. Miró alrededor y vio que había una botella llorando.

—Hola, botella, ¿cómo te llamas?, ¿por qué lloras?

—Hola. Me llamo Botellita y lloro porque me han dejado aquí tirada en el suelo y ahora no me podré reciclar.

—Bueno, no llores, Botellita, —dijeron Adela y su madre— nosotras te ayudaremos a llegar a donde tengas que ir para que puedas reciclarte. 

—¿Sí? No me lo puedo creer. ¡Qué bien! Menos mal que alguien me ayuda. Me tienen que llevar a un contenedor que es mi casa.

—¿Cómo es ese contenedor?

—Pues, es verde y redondo. Allí me recogerán para poder reciclarme y convertirme en un bonito jarrón o un fantástico vaso.

Fue así que Adela y su mamá ayudaron a Botellita, que de un salto se metió en el bolso. Iban muy contentos por la ciudad en busca del contenedor, cuando al cruzar una carretera volvieron a escuchar un lamento. Adela tropezó con un cuaderno roto y manchado.

—¿Por qué lloras, cuaderno?

—Hola, me llamo Libritina y lloro porque estoy aquí tirada en el suelo y no voy a poder reciclarme jamás. 

—No llores, mi mamá y yo estamos buscando un contenedor de reciclaje para nuestra amiga Botellita. Si nos dices cuál es tu contenedor, te podemos llevar también.

—Pues bien, mi casa es azul. Allí es donde podrán recogerme para reciclarme y convertirme en un bonito libro o periódico.

—Pues no te preocupes —dijo la mamá—. Ven con nosotros que te ayudaremos a llegar a tu casa.

Así fue como en el camino iban encontrando también plásticos que se colocan en contenedores amarillos. Adela juntaba y juntaba cosas de la calle, cuando escuchó a unos niños reírse y burlarse de ella. 

La madre les explicó que lo que estaban haciendo era importante para el planeta y se llama reciclar. Si todos contaminamos las calles y nadie lleva la basura a sus contenedores, el mundo se volverá un sitio sucio, feo y que huele mal; se convertirá en un basurero enorme. —¿Ustedes quieren vivir en un basurero?

—Pues, no, ¡claro que no! —dijeron.

—Si no queremos que el mundo se vuelva un sitio apestoso y sucio, necesitamos reciclar, llevar cada cosa a su lugar.

Si todos cooperamos y respetamos el medioambiente, lograremos salvar al planeta y así asegurar la vida.

Ámbito: Así pienso, me expreso y me comunico

Dimensión: Lenguaje Oral y Escrito