22 de marzo de 2005 - 09:03
...Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica...
Este artículo tiene 20 años de antigüedad En este Viernes Santo, siguiendo minuciosamente el relato del Evangelio, fácilmente podemos observar que toda la vida de Jesús fue un dar-se, un ser-para-los-demás; fue un intento y una realización en su existencia de la superación de todos los conflictos. En nombre del reino de Dios, Jesús vivió su ser-para-los-demás hasta el final, incluso cuando la experiencia de la muerte (ausencia de Dios) se le hizo sensible en la cruz casi hasta el límite de la desesperación. Pero Él confió y creyó hasta el final que, aun así, Dios le aceptaría. El sin-sentido aun tenía para Él un secreto y último sentido.