Un brillante y hermoso día de primavera, cuando la Tierra estaba fresca en su nuevo vestido verde adornado con flores, mientras los pájaros cantaban sus canciones más dulces, y los arroyos balbuceaban alegremente en su camino hacia los ríos, dos hoyuelitos fueron enviados por la Madre Naturaleza en un viaje para encontrar su misión en el mundo.
Fue un viaje encantador a través del cielo azul y de las algodonosas nubes blancas.
Ellos jugaban y bailaban con los rayos de sol que los llevaban hacia la Tierra.
Los hoyuelos no encontraban otra cosa que pudieran hacer, por lo que se pasaban retozando y jugando.
Por fin se encontraron entre los árboles y las flores brillantes de la tierra.
Persiguieron a los rayos de sol bajo las hojas, cabalgaban en las alas de las mariposas, sorbían la miel con las abejas. Sin embargo, no encontraban nada más que hacer. Los rayos de sol se despidieron y regresaron a casa.
Los hoyuelos se preocuparon porque no tenían un lugar para descansar y pasar la noche.
Justo en ese momento vieron una reducida abertura en una ventana. Las pequeñas estrellas salían y se asomaban a la ventana, y la señora Luna envió sus rayos plateados para ayudar a los hoyuelos a encontrar un lugar de descanso.
Los hoyuelos volaron hacia la ventana y muy cerca de ella, en su cuna, con cortinas blancas alrededor, estaba un bebé pequeñito, color rosa, dulce y brillante.
A ambos hoyuelos les encantó la idea de descansar en esas mejillas sonrosadas. Por lo tanto, cada uno de ellos tomó una hermosa mejilla y descansaron plácidamente toda la noche.
Los petirrojos, con su peculiar canto, despertaron a los hoyuelos que no sabían qué hacer porque todavía no habían encontrado su misión.
Ambos hoyuelos se ocultaron en cada mejilla para no ser vistos por el bebé, quien acababa de abrir sus hermosos ojos.
Los rayos de sol convencieron a los hoyuelos para salir y jugar, pero los hoyuelos solamente podían asomarse y, cuando lo hicieron, trajeron sonrisas alrededor de los labios rosados y ojos soleados del bebé.
Así que por fin han encontrado su misión en la Tierra —dijeron los rayos de sol. Y así fue, porque ellos ayudaron a poner de manifiesto las sonrisas en las mejillas del bebé.
Si te fijas, la próxima vez que veas un bebé, verás a estos traviesos hoyuelos jugando al escondite.
Fuentes
http://www.apples4theteacher.com/holidays/spring/short-stories/how-the-dimples-came.html1
Traducción y adaptación: Paulina Gamarra.
