Perro Holmes, el famoso detective del reino animal, dialoga en su oficina con su ayudante Miauson.
—¡Estoy harto del tabaco! ¡Hoy mismo dejo de fumar! —dice tosiendo y arrojando la pipa a la papelera.
Luego pregunta:
—¿Qué casos tenemos para hoy?
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—Muchos y muy difíciles —logra decir Miauson, ahogado por la humareda.
—A ver… empieza a enumerarlos.
—En primer lugar tenemos el caso del Pavo Real. Fíjese, anoche, mientras dormía, le robaron la cola y…
—Está muy bien —le interrumpe Holmes—. Eso le pasa al presumido ese por dormir con la cola desplegada. Continúa.
—Al señor Galápago le asaltaron anoche y le robaron el caparazón. Como está desnudo, se esconde entre las cañas y su esposa se queja de que no vaya al trabajo.
—¿Qué más? —pregunta Perro Holmes.
—También tenemos el caso del señor Mastín —informa Miauson.
—¿Y a ese qué le pasa?
—Sus amistades dicen que tiene muy malas pulgas y quieren que se las encontremos.
—¿Hay algo más?
—Sí, señor Holmes. Está el caso del Elefante Africano, que perdió la memoria y no se acuerda dónde; el Camaleón, que no encuentra sus colores; el Cuco, que volvió a poner el huevo en el nido ajeno;la Estrella Polar, que perdió el Norte y…
—Por hoy es suficiente, Miauson —le indica Holmes, al tiempo que disca un número telefónico:
—¿Agencia de viajesLa Ballena Viajera? Por favor, resérveme dos pasajes a Miami.
—¿A Miami? —pregunta sorprendido el ayudante—. ¿Para qué?
—Elemental, mi querido Miauson… ¡de vacaciones!
—Pero… ¿y los casos?
—Elemental, Miauson. No hay mal que dure cien años. Cuando regresemos ya se habrán resuelto todos.
Y colocan un cartel en la puerta que dice:
¡CERRADO POR VACACIONES!
