Curucau, un pueblo fantasma que sobrevive en la extrema pobreza

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En el Paraguay existen numerosos lugares donde la pobreza es acuciante, como en la compañía Curucau del distrito de Quiindy, Dpto. de Paraguarí, donde la miseria se enseñorea. Toda la comunidad está abandonada a su suerte y apenas sobreviven en pequeñas chozas.

QUIINDY, Dpto. de Paraguarí (Aldo Lezcano, corresponsal). La compañía Curucau, ubicada a 21 kilómetros de esta ciudad, indudablemente es la más pobre del departamento de Paraguarí, donde la indigencia y el abandono castigan sin piedad a unas 50 familias. Muchos están enfermos y muy pocos acceden a la educación. Además, carecen de camino de todo tiempo y de fuentes de trabajo.

Quienes visitan la zona solo escuchan lamentos y pedidos de socorro, que se ajustan plenamente a la realidad que se percibe a simple vista. Solo cuando se aproximan las elecciones de autoridades, los políticos llegan a la zona con sus tradicionales promesas, según Patrocinia Arzamendia (50 años de edad).

Una sola escuela

La escuelita de Curucau solamente funciona hasta el sexto grado. Aquellos pocos que tienen la posibilidad de proseguir el colegio deben caminar 11 kilómetros para estudiar en Costa Irala o en su defecto, buscar alternativas en Quiindy viviendo como criados.

En otra época entraban empresas de transporte público de pasajeros, pero después abandonaron el servicio porque no hay suficientes pasajeros y también por el horrible estado del camino, que ahora es transitable después de un mejoramiento realizado por la Gobernación de Paraguarí y el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC).

En los días de lluvia, la zona queda semiaislada. En casos de emergencia de salud se ven obligados a recurrir a algún motociclista del vecindario, pero si es más grave no tienen otra alternativa que recurrir a las lentas carretas para recorrer 11 kilómetros hasta Costa Irala y buscar algún transporte para llegar al hospital local.

Existe un callejón vecinal más corto que sale hacia el km 130 de la Ruta I, pero no es utilizado por falta de un puente y el mal estado en que se encuentra.

Casas de Senavitat

Unas 13 familias de Curucau están por acceder a viviendas de la Secretaría Nacional de la Vivienda y el Hábitat (Senavitat). Hay prácticamente un año de atraso en el emprendimiento, pero ahora están reanudando las tareas para culminar las construcciones.

María Zoila Quintana (90) habita un ranchito precario y no fue beneficiada por la Senavitat. Se cuidan mutuamente con su nieta que no tiene una pierna, por lo que se desenvuelve con mucha dificultad.

“Pese a su insistencia no le construyeron la casa, por el hecho de tener un sueldo como viuda de un héroe de la Guerra del Chaco. Su sueño era dejar un techo digno a la nieta enferma”, manifestó una vecina, que prefirió el anonimato.

En la comunidad no se cuenta con fuentes de trabajo. Los pobladores consiguen pequeños ingresos gracias a algunas changas o como peones de estancia, donde en la mayoría de los casos son explotados.

Muy pocos tienen tierra propia y aquellos que tienen no pueden explotarlas por ser zona pedregosa, por lo que en muchos casos hasta carecen de los rubros de consumo. Generalmente prestan o alquilan chacras en lugares más apartados, como es el caso de Antonio Medina, un activo lugareño, voluntario de salud y presidente de la comisión vecinal.

Ancianos y enfermos

En la comunidad abundan las personas enfermas, niños y ancianos. Los jóvenes generalmente van a otras localidades o al exterior para trabajar y enviar algunas remesas para sustentar a la familia.

Gloria Ester Arzamendia (24) es una madre que aguanta los rigores de las necesidades con sus cuatro pequeños hijos. Manifestó que muchas veces los lugareños pasan hambre. Dijo que en su caso, su pareja solo consigue dinero haciendo las changas, por lo que no siempre tienen para la comida.

Sin agua potable

En Curucau, preferentemente los niños y mujeres siguen acarreando agua de manantiales, arroyos o pozos ajenos. La población se ilusionó con tener agua potable mediante una ayuda de la ONG Plan Paraguay. Sin embargo, la excavación de un pozo de 93 metros en un lugar no apropiado truncó el proyecto.

El vital líquido nunca apareció. A raíz del inconveniente, la instalación de un tanque y las cañerías resultó infructuosa y obliga a seguir esperando.