Esta enfermedad afecta sobre todo a personas que llevan haciendo dietas largos períodos de tiempo pero también a las personas de peso normal. Se presentan más casos en mujeres que en hombres y más si son personas jóvenes. Se caracteriza porque la persona come en poco tiempo una cantidad mayor a la que se debe consumir normalmente, de manera exagerada, descontrolada y con mucha ansiedad. Esto va seguido de malestar, sentimiento de culpa o de vergüenza, no solo por el comportamiento sino por el consecuente aumento de peso corporal. Otro síntoma de la enfermedad es el famoso “efecto yoyó”: es decir, subir y bajar de peso continuamente, con los riesgos que esto conlleva para la salud y estabilidad del organismo.
Los atracones
No es difícil reconocer a los afectados porque siempre tienen cerca algo para comer y porque generalmente ganan mucho peso hasta llegar incluso a sufrir de obesidad severa. Se diferencian de los pacientes anoréxicos, que dejan de comer, y de los bulímicos, cuyos afectados sí comen, porque no se provocan el vómito, no toman laxantes y tampoco hacen ejercicios, como un mecanismo de compensación.
Además, los comedores compulsivos padecen mayoritariamente de problemas de ansiedad, tensión y estrés, por lo tanto, comen más allá de la saciedad y llegan a sentir que están llenos, pero no pueden parar. Se debe a que se les afecta la serotonina, un neurotransmisor que ocupa un rol primordial en la regulación del hambre y la saciedad. Los comedores compulsivos prefieren los alimentos muy energéticos como los dulces, galletitas rellenas, chocolates o bebidas dulces, entre otros, porque de alguna manera les producen una sensación de tranquilidad y bienestar, que se relaciona con la serotonina.
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El problema surge cuando esas calorías de más se van acumulando en el tejido graso y producen un desbalance metabólico que conducirá a la larga a una obesidad; por ende, el comedor compulsivo podría sufrir de problemas cardiacos, cálculos en la vesícula, hipertensión o diabetes, entre otros.
Consecuencias físicas
- Alteraciones en la presión arterial, riesgos de enfermedades coronarias, cáncer, diabetes, aumento en el colesterol, daño cerebral, aumento de la incidencia de resfríos, bronquitis crónica, neumonía.
‰ También es común que por el exceso de peso se presente atrofia muscular, hernias, problemas digestivos como acidez, flatulencia, digestiones pesadas, estreñimiento, hemorroides, daños en el hígado, páncreas y riñones, retención de líquidos, exceso de sudoración.
- Son frecuentes los problemas cutáneos, como estrías, lesiones por rozaduras, lesiones por maceración cutánea, celulitis y forúnculos, así como la frecuente caída de pelo, y aumento de las infecciones cutáneas en general.
- En cuestión hormonal y sexual, son muy comunes las alteraciones menstruales variables, los embarazos y partos de alto riesgo, como también la disminución del deseo sexual, presencia de frigidez e impotencia.
Soluciones posibles
Como el apetito que sienten los comedores compulsivos es más bien producto de una ansiedad constante, es en este punto en el que se debe trabajar con un especialista para tener éxito en el tratamiento. Lo importante es que los pacientes entiendan el mensaje de que deben aprender a comer saludablemente y que no existen “curas mágicas”.
La reeducación consiste primero en realizar un diagnóstico de cuáles son los patrones anormales que se encuentran presentes en el comedor compulsivo. Luego se irá introduciendo el esquema de alimentación equilibrado y adecuado que deberá seguir hasta que lo aprenda y aplique diariamente. Asimismo, tendrá que realizar alguna actividad física que se acomode a su realidad.
El tratamiento para un comedor compulsivo no es corto, porque consiste en lograr que cambie en su comportamiento interno, en su actitud hacia sí mismo, hacia su vida; y muchas veces en el rol que ha desempeñado en su familia.
Es importante que su familia, seres queridos y amigos ayuden al enfermo y lo apoyen en el duro camino de abandonar los atracones. No será sencillo, pero el premio de un cuerpo y una mente sanos será lo mejor.
