En la madrugada del 29 de septiembre de 2018, Bruno Marabel se encontraba con su esposa, la boxeadora Dalma María Rojas Rodas (25), los hijos de esta, de 4 y 6 años, respectivamente, y su suegra, Elva Graciela Rodas de Rojas (51), en la ahora conocida “casa del terror”, entre las calles Oliva y Montevideo.
Marabel los mató y enterró los cuerpos en un sanitario en desuso, ubicado en el fondo de la casa. Esa noche realizó una fiesta en ese mismo lugar, en la que estuvieron varias personas. Luego permaneció ahí hasta el 2 de octubre, cuando llegó Julio Rojas Delvalle (51), padre de Dalma, a quien también mató, pero enterró de otra forma.
En los casos de Dalma, Elva y Julio, el joven actuó empleando un arma blanca, en tanto que los niños fueron asfixiados.
Los cuerpos fueron hallados el 8 de octubre, tras la denuncia de una vecina a la policía sobre un fuerte olor que salía de dicha vivienda.
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Por el momento solo se aguarda la realización de la audiencia preliminar a Marabel.
Un crimen mal estructurado
El criminólogo español Juan Francisco Alcaraz Albertos analizó y calificó como “una muerte muy fría. Es una muerte hasta cierto punto calculada o planificada, pero no al cien por cien, porque ahí fue una derivación, o sea sí hay una planificación, por los datos que yo tengo, con la suegra y con la mujer. Luego hay una derivación que es con los niños”.
Refirió que si todo era planificado, Bruno solo habría asesinado a Dalma y su madre, a quienes mató en sus respectivas piezas, y no habría tenido necesidad de ir hasta las otras habitaciones para asesinar a los niños mientras dormían “Ahí claramente se ve que hay una cierta enemistad, una cierta incomodidad de esos niños a la situación que estaba viviendo”, explicó el especialista.
Albertos dijo también que la muerte del suegro fue una “incomodidad sobrevenida y por su parte una inoperancia, porque ahí es donde realmente ya terminó de verse que no es profesional en este tipo de actos criminales”.
Añadió que esa muerte fue “un intento erróneo, porque fue totalmente un resultado contrario a intentar guardar su identidad, pero claro, también es verdad que molestaba, porque si iba a estar entrando a una casa donde tenía enterrados los cuerpos, tarde o temprano iba a olerlos”.
“Digamos que fue una muerte cómoda para él (Bruno Marabel), protectora para no ser detenido, pero muy mal estructurada. Ahí se vio claramente que no era un profesional”, clarificó.
Muerte de los niños
Albertos analizó el crimen desde la perspectiva del ataque y la forma de enterrar los cuerpos que empleó Marabel y dijo que “el perfil tiene unas características en las que se pueden aplicar y otras en las que no, la más importante es que haya una serialidad de casos y distanciados en un cierto tiempo, aunque sean horas. Aquí se pudo aplicar porque hubo un distanciamiento entre las cuatro primeras muertes y la última”.
En otro momento explicó que “normalmente cuando se trata de un asesinato intrafamiliar, en familia, hay una denominación bastante cruel en el caso de la muerte de los niños, pero se llaman muertes dulces”, esto debido a que “no se les suele pegar un tiro, a los niños es difícil”.
Refirió que a los niños resulta “complicado que se les asesine, por ejemplo, con un arma blanca a puñaladas; es más lógico matarlos sofocándolos con una almohada en la nariz, es decir, unas muertes quizá menos violenta”.
Consultado sobre el porqué de esta forma de matar a los menores de edad , el criminólogo expuso que “es una característica que denota que el autor conlleva un plus, en ese caso de moralidad, de respeto hacia ellos, a pesar de que los mate. Sé que es muy difícil de entender eso, pero es un reproche moral aunque actúe y lo haga”.
Muertes dulces
Albertos citó a modo de ejemplo, para explicar las “muertes dulces”, que en casos muy concretos del típico asesinato familiar se da donde “esa familia vive muy bien, pero de la noche a la mañana, la unidad familiar se quiebra porque el padre, quien lleva la economía a la casa, deja de ganar dinero; va a la quiebra y llega a su desesperación y no puede asumir que su familia se vea tan abajo”. En ese punto, “matan a la familia y luego él se suicida”, añadió.
En casos concretos se ven claras diferencias, pues “se dan esas muertes muy dulces, incluso con la madre, cosa que es diferente cuando, la mujer por ejemplo, tiene un conflicto con el marido, cuando pueden darse muertes dulces en los niños pero, violentas en la otra pareja”.
Juan Francisco Alcaraz Albertos
Es un profesor español, miembro activo de la Unidad Especializada de la Policía de Alicante, en España.
Además es un criminólogo, magíster en psicopatología criminal y forense por la Universidad “Camilo José Cela” de España.
El especialista además cuenta con obras publicadas, entre ellas el libro titulado: “Manual del asesinato en serie. Aspectos criminológicos”.
Visitó Paraguay en varias oportunidades para analizar perfiles criminales.
ariel.espinoza@abc.com.py
