Terrorismo y Triple Frontera

La conexión entre el Líbano y los libaneses que viven en Ciudad del Este es permanente. En esa ciudad, aunque también en Foz de Yguazú, viven cerca de 25.000 ciudadanos de esa nacionalidad aproximadamente y se cree que los más ricos suelen enviar fondos a su país de origen para la causa islámica.

La situación de control del sistema financiero de ambos países no mejoró mucho en la época, no existe tampoco la voluntad política de los gobiernos para un mejor control de las casas de cambios, bancos y correos pese a la alerta sobre la presencia de dichas células islámicas en la zona.

Como era de esperar, lógicamente se fue acrecentando la llegada de libaneses en especial en la Triple Frontera, se les ofreció toda clase de gracia para trabajar en la ciudad en centros comerciales, comprando propiedades en algunos casos, se les facilitaron documentos para obtener la ciudadanía paraguaya y se les concedió todo tipo de excepción impositiva para poder operar libremente en la región tanto en Ciudad del Este y lógico también en Foz de Yguazú-Brasil.

Luego del atentado del 11 de setiembre del año 2001 a los EE.UU. por parte del grupo terrorista Al-Qaeda y otros grupos de apoyo logístico de dichos terroristas, salta nuevamente la Triple Frontera y en especial Ciudad del Este como foco de lavados de activos y en especial para financiar el terrorismo de dichos grupos radicales, por la vulnerabilidad de las instituciones de control en la zona y la corrupción reinante. Aunque ya existía una preocupación por parte de EE.UU. por la presencia de células terroristas en la Triple Frontera antes de los atentados ocurridos en Argentina en la década de los años 90, la región pasó a tener mayor presencia en los debates sobre seguridad internacional especialmente luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

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En ese momento, cuando se hizo evidente el compromiso de EE.UU. por desmantelar las estructuras terroristas internacionales a partir de las invasiones de Afganistán en 2001 e Irak en 2003, la Triple Frontera pasó a ser considerada una amenaza a la seguridad de EE.UU., ya que podía servir de safe haven para el terrorismo islámico internacional, o sea, una zona propensa a ser utilizada como base de financiamiento y apoyo logístico al terrorismo internacional. En ese sentido, EE.UU. dejó en claro, a partir de ese momento, su preocupación por aislar y desmantelar las estructuras de grupos terroristas islámicos en esta región (LEWIS, 2006: 100).

Percibimos esa decisión a partir de la publicación en 1992 del informe Patterns of Global Terrorism (PGT) por parte del Departamento de Estado de EE.UU. Allí se señala que el atentado en Buenos Aires “fue un llamado de atención respecto de las actividades del Hezbollah en América Latina, hacia donde las comunidades de musulmanes chiitas emigraron y se instalaron en zonas remotas de la frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay”, región que a su vez podría estar brindando cobertura a terroristas internacionales (USDS, 1993). Tales acusaciones se reiteran desde 1993 en los distintos informes del Departamento de Estado, aunque cobraron mayor dimensión en cuanto a sus detalles a partir de la edición de 2002 [referida a 2001]” (AMARAL, 2008:189).

El PGT 2002 señala: El 11 de septiembre renovó la atención sobre las actividades de la organización terrorista libanesa Hezbollah así como de otros grupos terroristas, en la zona de la Triple Frontera de Argentina, Brasil y Paraguay, donde los terroristas recaudan actualmente millones de dólares gracias a actividades criminales. Existe evidencia de la presencia de miembros del Hezbollah o de sus simpatizantes en otras áreas de América Latina, como el norte de Chile, especialmente alrededor de Iquique; Maicao (Colombia), cerca de la frontera con Venezuela; la isla Margarita, (Venezuela); y la Zona Libre de Colón (Panamá). Agencias de inteligencia locales y organismos de seguridad estadounidenses investigaron las denuncias sobre supuestos apoyos a Osama Bin Laden y a Al-Qaeda, pero hasta finales de año no lograron corroborar estas informaciones (USDS, 2002: 44).

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El PGT 2002 habla de la existencia de evidencias sobre la presencia de terroristas y simpatizantes en numerosas áreas de América Latina. Sin embargo, ese mismo informe asumía en años anteriores la inexistencia de evidencias y había dejado de lado regiones como Colón (Panamá), Maicao (Colombia) y la isla Margarita (Venezuela). Así y todo, no dejaba de mencionar a la Triple Frontera en el debate sobre el terrorismo en la región.

La preocupación respecto del terrorismo en la zona, que se puso en evidencia tras los atentados en EE.UU., no se observa tan solo en los informes del gobierno de ese país. En diciembre de 2001, el coordinador de Antiterrorismo del Departamento de Estado, Francis Taylor, organizó en Paraguay el seminario “Prevención del terrorismo internacional y del crimen organizado en la zona de la Triple Frontera”. En esa oportunidad habló acerca de su preocupación por el hecho de que “organizaciones extremistas islámicas, como el Hezbollah, Hamas y Al Gama’a Al Islamiyya, entre otras, utilizaran esa pujante zona como base desde la cual apoyan el terrorismo”. (Continuará).

(*) Juez de Sentencia de Presidente Hayes.

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