Crimen fallido relatado por la víctima

El joven Richar Ramón Pereira Ramírez, de 26 años, jamás hubiera pensado que su vida llegaría a cambiar en tan solo unos segundos, cuando en la madrugada del 13 de agosto de 2016 fue baleado por policías de la Comisaría 4ª Metropolitana, que lo dejaron parapléjico. Sin embargo, gracias a esos milagros muchas veces inexplicables sobrevivió y desde su silla de ruedas relató la ejecución fallida.

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Prácticamente como cada fin de semana, Richar y sus amigos compartían aquella madrugada del 13 de agosto sobre la Avenida Quinta de Asunción, frente al estadio del Club Cerro Porteño, hasta que el joven decidió regresar a casa, en los primeros minutos de la madrugada.

Luego de despedirse, abordó su automóvil, que desde hacía varias semanas ya había sido “fichado” por los policías de la Comisaría 4ª de barrio Obrero, porque sabían que no tenía aún todos los documentos en regla, lo que convertía a su conductor en un potencial “cliente” para la coima.

Efectivamente, ni bien salió, Richar fue seguido desde Quinta. El joven llegó a pasar frente a su casa, pero decidió ir a detenerse una cuadra más adelante, en un callejón de 24ª Proyectada y Pa’i Pérez, justo en un sitio monitoreado por una de las pocas cámaras de seguridad que hay en el barrio.

A bordo de la patrullera que lo seguía estaban el suboficial primero Jhonie Osvaldo Orihuela Sánchez, de 31 años, quien iba como chofer, y el propio jefe de dicha comisaría, comisario principal Jorge Ignacio Zárate Barreto, de 50 años, en el asiento del acompañante.

Una reconstrucción de aquel ataque sufrido por el joven se llevó a cabo el martes último, cuando Richar relató desde su silla de ruedas el suplicio que pasó y enseñó la forma en que Orihuela lo intentó eliminar, pero falló en su cometido seguramente de sacarle la vida.

Con evidente odio y una inmensa rabia contenida, Richar Pereira miraba fijamente a su agresor mientras este daba su versión de lo ocurrido, a solo un metro de distancia, pero con testimonios obviamente totalmente diferentes.

En todo momento, el joven víctima del policía “gatillo fácil” estuvo acompañado de su padre, también llamado Richar Pereira, y quien, a su vez, declaró que ni siquiera querían participar de la diligencia y que se contuvieron frente a los uniformados que truncaron la vida de su hijo.

Ni por más que el suboficial Orihuela haya intentado alegar que Richar lo quiso atacar, el daño producido por su negligente y criminal actuación ya está hecho.

Ahora seguro las autoridades deberán evaluar las versiones dadas por ambas partes, para intentar dar un fallo adecuado, ejemplificador y por sobre todo justo.

Comisario Zárate: de héroe a villano

El comisario principal Jorge Ignacio Zárate Barreto, de 50 años, quien era el jefe de la Comisaría 4ª Metropolitana cuando atacaron y dejaron parapléjico al joven Richar Ramón Pereira Ramírez, pasó en aquel momento en solo dos meses de ser un héroe a un villano.

El 10 de junio de 2016, Zárate y sus hombres fueron los primeros policías en llegar a la penitenciaría nacional de Tacumbú cuando se desató un voraz incendio que, al final, provocaría la muerte del jefe de seguridad del presidio y de cinco reclusos.

Los propios reos que sobrevivieron al siniestro habían manifestado en aquel momento que varios de los policías que llegaron de inmediato, entre ellos el comisario Zárate, salvaron la vida de muchos reclusos que no podían salir de sus pabellones o de sus celdas.

El comisario principal Zárate, además, fue el primer agente en confirmar aquella vez las seis muertes en Tacumbú.

Solo dos meses después, en agosto del año pasado, Zárate se vería envuelto en uno de los casos criminales más graves protagonizados por la Policía Nacional, que fue el crimen fallido de Richar Pereira.

El alto jefe policial, aunque no fue el que disparó al joven, supuestamente intentó alterar la escena del crimen y hasta ordenó que los agentes a su cargo intentaran hacer disparar un arma al herido, para seguramente alegar que los atacó a balazos.

Pero gracias a que Richar nunca perdió el conocimiento, pese a que tenía una bala en el cuello, el caso salió a la luz tal cual como fue, lo que hoy facilita que los principales responsables estén encerrados.

El caso de Richar Pereira es solo uno de los cientos de abusos que cometen a diario los policías, a veces con total impunidad.

ileguizamon@abc.com.py