El crimen es cobarde: La confesión detallada de un asesino

Lo que parecía iba a ser un “trabajo fácil” para dos delincuentes expertos, al final terminó en una tragedia. Esta es la historia del secuestro y asesinato de un joven militar que custodiaba la sede del Banco Nacional de Fomento (BNF), relatada detalladamente y en un video por uno de sus asesinos. El crimen ocurrió hace seis meses en la ciudad de J. Eulogio Estigarribia, más conocida como Campo 9, en el departamento de Caaguazú. El motivo fue el robo de dos fusiles de guerra.

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Derlis Ariel Da Silva Bareiro, de 25 años, prácticamente desperdició su juventud a los 18 años, cuando asesinó a un amigo y fue sentenciado a 10 años de prisión.

Sin embargo, tras pasar casi siete años encerrado en la cárcel de Ciudad del Este, salió en libertad condicional a mediados del año pasado.

Cada mes y para preservar su libertad, firmaba en un juzgado un libro de comparecencia. De hecho debía hacerlo por tres años más, hasta completar su condena.

Sin embargo, el miércoles último el criminal fue arrestado por la Policía en la capital del departamento de Alto Paraná, en conexión con otro asesinato, pero esta vez más cruel y despiadado, el del sargento primero Agropecuario del Ejército Pedro Rodrigo Riveros Rojas, de 27 años, cuyo cuerpo fue encontrado con un disparo en la sien, en una plantación de trigo, el 7 de setiembre de 2016, cuatro días después de que fuera reportado como desaparecido.

El joven militar era uno de los tres custodios de la sucursal del Banco Nacional de Fomento (BNF) de Campo 9 y aquel fin de semana simplemente se esfumó, junto con los dos fusiles de guerra M16 que utilizaban para el resguardo del banco.

En principio, se dijo que el militar podía haber escapado con las armas, para venderlas, o que incluso había perdido los fusiles tras una fiesta con mujeres.

Pero tras el hallazgo de su cuerpo, a cinco kilómetros del centro de Campo 9, todas las dudas se disiparon.

Los primeros detenidos

La investigación del hecho, pocos días después ya arrojó los primeros resultados, consistentes en la detención de los principales involucrados, uno de los cuales resultó ser un camarada del fallecido, el sargento primero de Infantería Marcelino Delvalle Cantero, de 27 años, quien resultó ser supuestamente el autor moral y material.

También cayeron presos, luego de la recuperación de los fusiles en Ciudad del Este, los hermanos Diosnel Villalba Fernández, de 27 años, y Rafael Villalba Fernández, de 23 años, sospechosos de haber también participado directamente.

Aunque con el arresto de los primeros sospechosos ya se echó un poco de luz al caso, no fue sino hasta la detención de Derlis Ariel Da Silva Bareiro que el suceso quedó casi esclarecido.

El criminal Derlis Ariel Da Silva Bareiro, en un video grabado luego de su detención, reveló todos los detalles del asesinato.

Dijo que fue contactado por su excompañero de celda Rafael Villalba Fernández (ya detenido), quien a su vez fue contratado por el militar Marcelino Delvalle Cantero (también arrestado).

Derlis Ariel dijo que le hablaron de que sería un “trabajo fácil”, pero que al final resultaron ser fusiles de guerra del Ejército Paraguayo.

Contó también que Marcelino planeó atacar a su camarada cuando este estuviera solo frente al banco, pero que como el militar Pedro Riveros permanecía atento en su guardia no pudieron asaltarle.

Entonces, el militar Marcelino Delvalle y los exconvictos Derlis Da Silva y Rafael Villalba esperaron toda la noche en un vehículo, hasta que al amanecer reanudaron su plan, pero con un pequeño cambio de estrategia, consistente en que el uniformado debía conseguir que su camarada le abriera la puerta del inquilinato donde vivía para después reducirlo entre los tres.

Sacado de la casa

En un cerrado guaraní, el criminal Derlis Ariel da Silva Bareiro contó cómo redujeron al militar Pedro Rodrigo Riveros Rojas en el inquilinato cerca del BNF de Campo 9.

“Amaneció todo, y ese milico nos dijo ‘vamos ahora ya’. Entonces él entró directo a la casa, aplaudió, y salió junto a él su camarada. Ahí le agarramos, y Marcelino nos volvió a decir que le íbamos a llevar de ahí. Le alzó y le llevamos en el auto. Marcelino luego manejaba. No le llevamos lejos. Ellos iban al frente y nosotros dos atrás. Le teníamos atado con una piola”, recordó.

Acerca del momento del asesinato, contó que no hicieron sufrir mucho al militar, que lo mataron enseguida.

“Rápido luego ya murió. Él luego le disparó (por el militar Delvalle), porque se conocían. A nosotros no nos conocía. Marcelino llevó a vender después las armas (los fusiles), porque parece que ya debía mucho”, prosiguió con su escalofriante relato el asesino confeso.

El sargento primero Riveros Rojas fue ultimado por su camarada Delvalle Cantero a la sombra de un árbol, en medio de una plantación de trigo. Su cuerpo fue encontrado cuatro días después, aún maniatado. Las armas de guerra sustraídas fueron recuperadas en Ciudad del Este.

Echó a perder dos kilos de cocaína

Según la versión dada a conocer por la Policía, basada en la confesión del criminal Derlis Ariel da Silva Bareiro, el motivo por el cual el militar Marcelino Delvalle Cantero planificó y lideró el crimen de su camarada Pedro Rodrigo Riveros Rojas fue que tenía que pagar una deuda contraída con un narcotraficante de la Triple Frontera.

Delvalle echó a perder una carga de dos kilos de cocaína que le entregaron para que vendiera. Supuestamente, la droga se mojó dentro del auto del militar, por lo que este ya no pudo colocarla.

Ante esta situación, el dueño de la mercancía habría empezado a amenazar al sargento primero Delvalle para que le devolviera los dos kilos de cocaína o le pagara el costo de la mercancía.

Entonces, a Delvalle no se le ocurrió una mejor idea que robar los fusiles que usaba su camarada Pedro Rodrigo Riveros Rojas, como para después venderlas. Con el dinero que obtuviera de la venta de las armas de guerra pagaría al traficante, siempre según los datos que maneja la Policía.

Justo una semana después de la desaparición del militar que custodiaba el BNF, las dos armas fueron recuperadas en Ciudad del Este, pero ya desarmadas, cuando estaban a punto de ser enviadas al lado brasileño.

Ahora, con casi todos los involucrados ya detenidos, el Ministerio Público seguramente formulará una acusación formal como para tratar de obtener condenas ejemplificadoras.

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