Para algunos, se trata de una restricción que afectará la libertad ambulatoria de las personas y que también perjudicará a los empresarios.
Siempre he sustentado que todas las normas deben ser creadas velando por el bienestar general.
No puede haber ningún derecho individual y, menos aún, uno que derive de la libertad de comercio o de empresa, que pueda prevalecer sobre los derechos de los demás.
El derecho de un ciudadano necesariamente termina donde comienza el de otro o cuando existe un motivo de interés general que imponga restringir aquel derecho.
A dos cuadras de mi casa funciona una discoteca y frente a ella una estación de servicio, donde todos los fines de semana y los días feriados en general, se reúnen unos 30 vehículos y otros 50 o más motociclistas.
Salvo por el hecho de que los automóviles, instalados en doble y triple fila, cierran por completo la vía pública y que todos han convertido las paredes de los vecinos en un asqueroso baño público, esa presencia no tendría inconvenientes y la actividad que desarrollan la discoteca, la estación de servicio y últimamente una bodega, parecería que no permiten mayores cuestionamientos y que todos actúan de acuerdo a sus legítimos derechos.
Sin embargo, es el caso que esas “honorables” personas que concurren hasta el lugar se emborrachan y no pocos se drogan, al tiempo que con sus estruendosos equipos de sonido desde hace años se han convertido en el tormento de los pobres vecinos, que han perdido toda esperanza de que alguien recuerde que ellos también tienen derechos y que nadie puede violentar su no menos legítimo derecho a descansar tranquilamente en sus propias casas.
Lo peor de todo, es que esto ocurre a la vista de la policía y con conocimiento de la fiscalía.
Me pregunto ¿hasta dónde puede llegar el derecho de los empresario que explotan la discoteca, la estación de servicios, la bodega que expenden bebidas y el de estos inadaptados de consumir alcohol y drogas cuando a través de ese ejercicio martirizan las noches y madrugadas de gente honesta y trabajadora?
Acaso alguno de esos empresarios ha solventado alguna vez los gastos de algún infeliz que, concluida la acostumbrada noche de locos, fue a estrellarse contra alguna columna o mató a un tercero que tuvo la desgracia de cruzarse en su camino.
Hay que defender la libertad, pero no el ejercicio abusivo que algunos hacen de ella y por cuyo motivo varias decenas de familias en todo el país tengan que sufrir con la actividad de estos inadaptados.
Más aun, son esos mismos sujetos, drogados o borrachos, los que luego asaltan o matan a las personas que sí fueron a divertirse sanamente.
Y dejo constancia que estoy escribiendo estas líneas a pesar de la sorpresa que las mismas despiertan en uno de mis hijos, que aún cree que respetar las reglas lo pondrá a salvo y evitará que se encuentre con algunos de esos inadaptados.
Ex fiscal general del Estado
