“Cuando el mundo cambia radicalmente, como ha ocurrido en los últimos años, el periodismo es el que está ahí, explicándonos cómo es ese mundo en el que vivimos”.
El periodismo garantiza la libertad. Todas las dictaduras, de derechas y de izquierdas, practican la censura y usan el chantaje, la intimidación o el soborno para controlar el flujo de información. Se puede medir la salud democrática de un país evaluando la diversidad de opiniones, la libertad de expresión y el espíritu crítico de sus diversos medios de comunicación. Es algo que parece obvio, pero que no se puede perder de vista si se quiere frenar cualquier intento de restringir la libertad de prensa, y también si se quiere evitar el periodismo sensacionalista.
La información, proporcionada por los medios de comunicación “deben ser objetiva, ajustarse a los hechos y buscar sistemáticamente la verdad”, y los periodistas “tienen que establecer una clara frontera entre información, opinión e interpretación para que el lector se pueda formar su propia idea de lo que pasa”.
Es de todos conocidos que la libertad de expresión e información son considerados derechos fundamentales y que, dentro del catálogo de derechos humanos, se ubican como uno de los más importantes en el desarrollo y fortalecimiento del estado de derecho y la democracia de cada país.
Este derecho también ha sido reconocido como un derecho fundamental a través de diversos tratados, convenios y ttribunales internacionales, como es el caso de “la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la Convención Americana sobre Derechos Humanos (artículo 13), la Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre (artículo IV), la Declaración Universal de Derechos Humanos (artículo 19), el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (artículo 19), el Convenio Europeo de Derechos y Libertades Fundamentales (artículo 10) , la Resolución 59 de la Asamblea General de las Naciones Unidas y la Resolución 104 adoptada por la Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), entre otros instrumentos internacionales”.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha incorporado el término de libertad de expresión declarando que esta “...es una piedra angular en la existencia misma de una sociedad democrática”, y reitera que “es indispensable para la formación de la opinión pública y para que la comunidad a la hora de ejercer sus opciones, esté suficientemente informada”.
En la práctica, tanto a nivel nacional como internacional, constantemente, se cometen abusos y violaciones a este derecho humano fundamental, y Paraguay no ha sido la excepción.
En reiteradas ocasiones, a lo largo de nuestra historia y bajo diferentes regímenes políticos, las violaciones a este derecho se han manifestado con hechos concretos. Tal es el caso de la persecución, amenaza y asesinato de periodistas, cierre y censura de medios de comunicación.
Es importante señalar que en nombre y bajo el argumento de la defensa del derecho a la libertad de expresión, algunos medios de comunicación y periodistas, individual o colectivamente, han cometido abusos y han sobrepasado los límites del respeto entre este importante derecho y otros derechos fundamentales de las personas, lo que ha originado conflictos que han llegado hasta la vía judicial.
Dentro del derecho a la libertad de expresión, a modo de reflexión, los límites, relación y armonía deben guardar estos derechos respecto de otros derechos fundamentales, abordando aspectos doctrinales que se han venido desarrollando alrededor de este tema, como son el derecho de hábeas data, el derecho a la verdad, la censura previa o control preventivo, el derecho a la integridad de los periodistas, la despenalización de las sanciones, la aplicación de leyes de desacato, el derecho a la rectificación, protección de las fuentes, deber de los Estados de adecuar la legislación interna a los principios protectores de los derechos humanos en esta materia, el respeto a la dignidad humana, la honra, la privacidad de las personas y el derecho de presunción de inocencia, entre otros.
En conexión con la libertad de prensa, el acceso a la informacion, es loable hablar sobre la importancia, compromiso y deber constitucional que tiene el Poder Judicial de establecer una política de comunicación y acceso a la información pública, que ayude a mejorar la imagen y transparencia de este Poder del Estado.
Es de suma importancia la necesidad de crear las bases de una nueva CULTURA JURÍDICA JUDICIAL, la DIFUSIÓN DE LAS RESOLUCIONES JUDICIALES, como una forma de garantizar el ACCESO A LA INFORMACIÓN PÚBLICA para mejorar las relaciones con los MEDIOS DE COMUNICACIÓN.
El poder de los medios de comunicación
El poder es una relación en la cual una persona, un grupo, una fuerza, una institución o una norma condicionan el comportamiento de otra u otras, con independencia de su voluntad y de su resistencia. El poder puede clasificarse de varias formas (ideológico, político, paternal, económico, etc..); estas pueden llamarse clases de poder y se encuentran vinculadas entre sí, y varias veces coinciden lo que acumula y refuerza el poder. Dice Foucault sobre el poder: “El poder consiste en realidad en unas relaciones, un haz más o menos organizado, más o menos piramidalizado, más o menos coordinado de relaciones”.
Con esta afirmación podemos decir que el poder es algo intangible que se construye con relaciones, se organiza alrededor de un liderazgo, el cual se sienta sobre bases firmes. Esto es perfectamente un ejemplo del poder que ejercen los medios de comunicación en la actualidad, el poder de influir, de crear opinión pública.
Los medios de comunicación han venido atravesando en todo el mundo cambios de acuerdo al entorno político en los que les ha tocado desenvolverse, especialmente en América Latina, donde en varios países se ha pasado de regímenes autoritarios a gobiernos democráticos y podemos decir que siempre han tenido poder aunque, tomando el criterio de Foucault, ha variado de acuerdo a las relaciones existentes entre los sujetos de los medios y los gobiernos de turno.
El teólogo brasileño Frei Betto ha comentado: “Los medios de comunicación son el primer poder en Brasil, porque imponen la agenda a los gobiernos”. Esto lo asegura porque ha sido testigo al trabajar en el gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva, y estando en el gobierno comprendió que a veces se perciben muchas cosas que “están mal”, pero se demoran en tomar medidas hasta que el tema aparece en la prensa, y cuando el asunto deja de pasar inadvertido, enseguida se produce la reacción y se encuentran las soluciones necesarias. “Por eso digo que no son el Cuarto Poder, como siempre se ha dicho, sino el primero”, concluye.
Sin embargo, hablar de que los medios sean un cuarto o primer poder adicional al Legislativo, Ejecutivo y Judicial no es técnicamente correcto, porque los medios no son de carácter político, sino ideológico.
En el Paraguay, a partir del papel de denuncia que algunos medios de comunicación jugaron durante el régimen de la dictadura y que lo desprestigiaron, la censura que existía no aplacó la necesidad de la sociedad de buscar y dar la información, lo que ayudó a acrecentar el poder de los medios informativos.
Durante los últimos 10 años de la censura dada a los medios de comunicacion, también jugó un papel trascendental y fue el instrumento utilizado por el gobierno de turno para aplacar opiniones negativas vertidas en contra de ellos por medios de oposición.
Lo citado anteriormente fue contribuyendo al deterioro del gobierno de ese tiempo, que, aunque teniendo siempre su versión oficialista, no pudo impedir el golpe del 89.
La experiencia histórica mundial ha demostrado que los medios oficialistas sufren de un efecto bumerán, es decir que los medios que se destacan en alabanzas para un régimen o se dedican a difamar a sus opuestos, al final provocan lo contrario. Un buen ejemplo es el régimen de Hitler, que manipuló información para engañar a su pueblo temporalmente, y la realidad lo derrotó pese a su gran habilidad en materia de comunicación, lo que evidencia que la fuerza de los medios solo se puede controlar durante un tiempo. Algo similar pasó en la antigua Unión Soviética.
Estos ejemplos nos permiten suponer la importancia de los medios informativos en cada empresa política, económica o religiosa. Ya lo dijo Concepción Arenal: “...el oponerse a la libre manifestación del pensamiento constituye un atentado, que no deja de serlo porque se parapete detrás de un decreto o de una ley”.
No hay duda de que la comunicación entre la gente es una necesidad que obliga al surgimiento y permanencia de los medios de comunicación, y aunque algunos medios pretendan distorsionar la verdad, los medios de oposición han consagrado las libertades pese a la represión oficial.