Juicio a falso ingeniero

El supuesto estafador Éver Soto Uldera, de 32 años, conocido por haber timado a varias figuras del deporte al hacerse pasar por ingeniero de obras, por fin afrontará juicio, por lo menos en uno de los casi 20 casos que soporta. Su primer adversario en los estrados judiciales será el exarquero de Olimpia Ricardo “Mono” Tavarelli.

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Éver Soto Uldera es tan conocido en el ambiente deportivo y de un sector de la sociedad civil que hasta incluso hay un grupo de WhatsApp que aglutina a sus víctimas y que se denomina “Estafados Por Éver Soto”.

La foto de perfil del grupo corresponde a la imagen del falso ingeniero que fue difundida por la Policía, cuando fue capturado por última vez, en diciembre de 2016, tras lo cual otra vez salió en libertad.

Algunos de los afectados por las maniobras, además del “Mono” Tavarelli, son el jugador de Cerro Porteño José Ortigoza, a quien le sacó más de 90.000 dólares, y el también exjugador y actual entrenador de fútbol Daniel Raschle, perjudicado por valor de G. 500 millones. 

Todos los estafados pagaron por la construcción de obras que nunca se terminaron y que terminaron siendo ruinas, en algunos casos.

Básicamente, según el testimonio de algunos de los afectados, el hombre se embolsó millonarios montos y alcanzó un cómodo nivel de vida en los últimos años al “ejercer” la profesión de ingeniero civil de obras, pese a no serlo.

De hecho, sus víctimas agrupadas denunciaron este caso ante la Unidad Penal N° 6 de la Fiscalía, que a su vez recibió una contestación oficial del Rectorado de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), en la que se comunica que Éver Soto Uldera no es un ingeniero civil, que no tiene un diploma y que ni siquiera figura como egresado o estudiante de la citada carrera.

El caso puntual por el cual será juzgado es por estafa, lesión de confianza y peligrosidad en la construcción de obras, según precisó el abogado Pedro Molinas Carmona, quien asesora a Tavarelli, cuyo abogado oficial en la causa es Derlis Solís Montanaro.

La causa fue elevada a juicio oral el martes último, por el juez Miguel Tadeo Fernández, quien interinaba a su colega con permiso Gustavo Amarilla Arnica, según los datos de la querella.

La Fiscalía está representada en este expediente por la agente Milena Basualdo, quien mientras se analizaba una recusación presentada por el supuesto estafador, fue interinada por su colega Luis Muniagurria. El juicio podría iniciarse a fin de año.

El periplo del arquero campeón de América se inició en octubre de 2015, cuando firmó un contrato con Éver Soto Uldera para que este le construyera un edificio de tres pisos que serviría como complejo deportivo, en el predio de un colegio capitalino.

El “Mono” estaba convencido de que contrató a un verdadero ingeniero, pero al poco tiempo notó las serias deficiencias en el montaje de la estructura, por lo que al indagar un poco más se dio cuenta de que había entregado más de G. 800 millones a un impostor, quien obviamente después se esfumó.

Tavarelli, al final, tuvo que contratar a un verdadero ingeniero y así pudo concluir su proyecto, con un millonario gasto adicional.

A una paraguaya que vive en Estados Unidos

Bettina Antúnez, una paraguaya residente en Estados Unidos, relató que el falso ingeniero Éver Soto Uldera le estafó en total 25.000 dólares.

El caso sucedió en agosto de 2016, cuando la compatriota intentó mandar construir salones comerciales y de departamentos, en San Lorenzo.

Éver Soto Uldera, en representación de una supuesta empresa denominada Transchaco Emprendimientos SA, se comprometió en reformar los planos y a obtener su aprobación en la Municipalidad, así como de los otros trámites. Entonces, la paraguaya le entregó 10.000 dólares de adelanto.

Dos semanas después, el falso ingeniero le avisó que ya tenía el permiso aprobado, tras lo cual la mujer le dio 15.000 dólares.

Al final, en la Municipalidad de San Lorenzo le informaron a los representantes de la compatriota que jamás se presentó un pedido de permiso a su nombre y que el número de expediente no existía. 

La causa está a cargo de la fiscala Sandra Fariña y la jueza Leticia Paredes, todo según la víctima.

“Desde un principio pensó en estafarme”

Marlene Barreto Fischer denunció que perdió G. 55 millones a manos de Éver Soto Uldera, quien es nada menos que el esposo de su sobrina.

La mujer relató que el falso ingeniero prometió construirle un dúplex de dos pisos a bajo costo, específicamente por G. 130 millones, pero que hasta le haría un descuento del 20% si le entregaba toda la plata de una vez.

La obra se haría en una propiedad del centro de Asunción.

“Yo dudé y no le entregué todo el dinero. Primero le di 50 millones y después otros 5 millones, pero solo levantó una muralla totalmente mal hecha”, se quejó la afectada.

“La construcción empezó en marzo de 2016. Tenía que durar tres meses, pero le tuve que echar de la propiedad porque veía que además me robaba los materiales. Ya no llevaba personal para trabajar y los pocos materiales que usaba eran de baja calidad”, añadió la señora Marlene. 

“Ni se apiadó de mí porque soy su pariente. Desde un principio pensó en estafarme. Frente a mí firmó un recibo con una firma falsa”, concluyó.

Cobró G. 500 millones y no terminó el “trabajo”

Raquel Sanabria, otra de las víctimas, mencionó que Éver Soto Uldera firmó con ella un contrato en representación de la misma empresa, aparentemente ficticia, Transchaco Emprendimientos SA.

El falso ingeniero incluso dejó establecido un cronograma de trabajo y de pago, “que él nunca cumplió, pero nosotros sí”, mencionó Sanabria.

La mujer indicó que para la construcción de la casa, que debía edificarse en el Yacht y Golf Club Paraguayo, hizo una entrega de G. 500 millones, tras lo cual efectivamente la obra empezó.

Sin embargo, al poco tiempo y gracias a algunos arquitectos amigos, ya empezaron a notar algunos defectos en la edificación, por lo que le sacaron al falso ingeniero la dirección del proyecto.

Una auditoría reveló que la obra mal hecha cuesta solo G. 186 millones.

La familia tuvo que proseguir con la construcción de su residencia, con otros millonarios gastos adicionales, para corregir los defectos que quedaron, mientras la estafa se tramita ante la Justicia.

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