¡Maldita enmienda!

La República del Paraguay cerró una de las semanas más negras de su historia independiente. Un muerto, centenares de heridos y detenidos y un edificio símbolo de la Nación destruido. Todo por culpa de la maldita enmienda constitucional.

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Hace menos de una semana, el martes 28 de abril, un grupo conformada por 25 senadores (oficialistas, liberales, del Frente Guasu y Unace) cometió uno de los peores atropellos a la Constitución Nacional al modificar de manera ilegal algunos artículos del reglamento interno de la Cámara Alta con el fin de quedar habilitados para presentar el proyecto de reelección vía enmienda que pretende proclamar de nuevo en el 2018 al presidente Horacio Cartes.

Entre otras aberraciones, el vicepresidente segundo de la Cámara de Senadores, el colorado Julio César Velázquez, se autoproclamó presidente para convocar a una supuesta “sesión” con sus otros 24 cómplices, pese a que estaban en el mismo edificio el presidente Robert Acevedo y el vicepresidente primero Eduardo Petta, quienes desconocieron la autoridad de Velázquez y denunciaron la asquerosa maniobra orquestada por el Jefe de Estado.

Dos días después, una multitud se congregó en el centro de Asunción en defensa de la democracia y en repudio a la intención de Horacio Cartes, quien cínicamente había reiterado en varios periodos de su mandado que iba a respetar la Constitución y que se iría al concluir sus cinco años de gobierno.

Finalmente, el viernes 31 de marzo, hace tres días, el senador colorado Juan Darío Monges, miembro de la banda dirigida por HC, presentó el proyecto de enmienda que fue aprobado rápidamente por el “Congreso paralelo”. 

Esa misma noche, la Cámara de Diputados, cuya mayoría también ya estaba previamente alineada al presidente, tenía que sancionar el proyecto, pero el pueblo paraguayo no permitiría semejante violación de la Carta Magna.

A partir de entonces, todo ya es historia conocida. Miles de manifestantes tomaron el edificio del Senado, lo incendiaron y se atrincheraron en respuesta al golpe parlamentario que se había consumado horas antes.

La resistencia del pueblo fue heroica, por momentos, pero la situación se desbordó y Asunción quedó inmersa en un caos.

Pero la muerte del dirigente liberal Rodrigo Quintana, en la sede del PLRA, a manos de la Policía, cerró una de las semanas más oscuras de nuestra patria.

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