Usualmente, los “tortoleros” son atrapados con todas las evidencias, pero luego de un “arreglo” solo pagan una multa o bien una condena mínima y después vuelven a delinquir, perjudicando a la ciudadanía.
Dos de los malvivientes considerados líderes de las bandas organizadas son Juan Pablo Guapi Benítez y Hugo Marcelo Socal Torres. El primero de los nombrados es conocido como el “rey de los tortoleros” y ambos registran un sinnúmero de detenciones. Sin embargo, las condenas que reciben son mínimas.
Según fuentes, casi siempre la estrategia que emplean los marginales y sus abogados consiste en llegar a un acuerdo con sus víctimas, después con los fiscales de la causa y, finalmente, con los jueces. De esta manera, rápidamente salen nuevamente en libertad y al poco tiempo ya son nuevamente sorprendidos y hasta filmados en plena acción.
Como el atraco de vehículos que perpetran los “tortoleros” es castigado con penas mínimas, hace falta una revisión urgente del Código Penal, para que esta clase de maleantes reciba el castigo que se merecen, porque además de perjudicar a los inocentes también se burlan de la justicia.
La gavilla de Guapi y Socal está conformada por un grupo de 15 a 20 marginales y su modus operandi es diversificado para perpetrar los atracos con éxito, desde vigilancia y seguimiento a las potenciales víctimas, según informes manejados por la Policía.
Uno de estos delincuentes es Emilio Ramón Aguilera Prieto, quien fue filmado por una cámara de circuito cerrado, cuando perpetraba un atraco a un vehículo en el barrio Sajonia de la capital, en diciembre pasado.
Aguilera también es investigado por la Policía como el supuesto “tortolero” que perpetró una seguidilla de atracos a vehículos que se encontraban aparcados en el estacionamiento del parque Guasu Metropolitano, la noche del viernes 13 de febrero.
Según los investigadores, esta gavilla suele operar constantemente en el departamento Central y el microcentro de la capital, a bordo de autos rentados. Luego de consumar los atracos se refugian en la zona baja de la Chacarita, donde cuentan con un “aguantadero”.
En poco tiempo, Guapi Benítez acumuló una verdadera fortuna; compró todas las propiedades ubicadas en la intersección de las calles 20ª Proyectada y Morelos del barrio Obrero. Allí edificó departamentos y salones comerciales para alquiler. También es propietario de una parada de taxi, con una flota de más de 17 autos.
El “rey de los tortoleros” acostumbraba el uso de disfraces para dirigir los robos y utilizaba aproximadamente cinco vehículos para no levantar las sospechas de las víctimas.
