Las mujeres pasamos por etapas que se asemejan a olas gigantes que levantan y, al minuto, nos tiran a la arena. “Es una época de nuestras vidas en la que empezamos a cuestionar nuestros logros y metas, hacemos una revisión y reevaluación de nuestro pasado; un tiempo en el que muchas desean un cambio. Los hijos maduran y los padres envejecen; el papel como mamá ya no es tan demandado y la relación de pareja se pone a prueba, pues los hijos adolescentes generan, muchas veces, conflictos en la comunicación”, refiere la licenciada Cynthia Ríos Tonina, psicóloga clínica.
La llegada de la menopausia supone para cualquier mujer una serie de cambios físicos y emocionales con los que son difíciles de transitar, Jill Shaw Ruddock, en su libro La segunda mitad de tu vida, nos dice que la menopausia es como subirse a una montaña rusa sin el cinturón puesto. “En esa época, las hormonas que lo han regulado todo empiezan a batirse en retirada provocando ansiedad, cambios de humor, insomnio, palpitaciones, desilusión y ganas de llorar”.
La mayoría de las mujeres que tienen hijos adolescentes rondan los 40 y 50 años, eso quiere decir que estamos pasando en este momento por la pre o la menopausia misma, según reflexiona la especialista. “La mezcla de adolescencia y menopausia puede llegar a ser una bomba de tiempo. Son frecuentes los portazos, los gritos, las rabietas, las peleas por cosas insignificantes. Cada uno piensa que ya no soporta más esta situación”, recalca.
Es justo en ese momento en el que tenemos que poner en práctica las llamadas “3 C”, al decir de la licenciada: comunicación, confianza y calma.
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Cuestionadores
Los adolescentes también se encuentran en una época de grandes cambios, en su desarrollo físico, intelectual y sexual. Esto los lleva a cuestionar toda información y poner a prueba la paciencia, empiezan a preguntarse hacia dónde van, que desean ser, por lo que cuestionan mucho tanto a la autoridad como a sus padres, discuten por todo y con todos. Madre e hijos sienten angustia frente a los cambios que interpelan y avasallan.
El mejor camino
Ante estos cambios en los adolescentes, lo primero es no perder la calma ni entrar en discusiones improductivas. Cada vez que inicien una conversación, hay que dejar que los chicos se expresen con honestidad y no cometer el error de corregir todo el tiempo sus expresiones. Preguntar si se comprendió su planteamiento. Aunque a veces se merezcan un grito, no hay que hacerlo, pues cerrarán la puerta al diálogo. Para que comprendan a su mamá, se aconseja compartir con ellos los cambios por los que estás pasando. Es la única manera de lograr el encuentro y entendimiento.
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