Aunque enfocada primero en un proyecto social denominado Arcadia, llegó a Asunción dispuesta a seguir adelante, por lo que nunca abandonó el deseo de poder ocuparse nuevamente en su profesión de chef, título que logró en el Instituto Técnico Superior Tatapy, en Bolivia, y posteriormente pulió en Argentina y Paraguay.
Tras varios años amasando la idea, finalmente, Sol (como la conocen) abrió las puertas de El Alba Cafetería, un modesto espacio en el microcentro de Asunción que no solo llama la atención por la variedad gastronómica y, en algunos casos, única que ofrece al público, sino también se destaca por tratarse de un sitio peculiar en el que la lectura, los juegos de mesa y las noches bohemias son parte de los ingredientes utilizados en la cocina para amalgamar la cultura.
¿Por qué dejaste Bolivia?
Más que nada por temas laborales. Soy chef recibida allá, y realicé otros cursos de gastronomía en Argentina y otros países, pero a la par trabajo en un proyecto denominado Arcadia, razón por la que me trasladé al Paraguay. Se trata de un proyecto que trabaja el desarrollo humano; es decir, enfocado al crecimiento, reconocimiento, evolución y fortalecimiento interno del ser humano. Arcadia no se encuentra presente únicamente en el Paraguay, sino también a nivel latinoamericano. Ya en Bolivia trabajaba en el proyecto y, posteriormente, aquí.
¿En Santa Cruz también dedicabas tiempo a la pastelería?
Sí, tenía mi negocio, enfocado más que nada en los chocolates, por lo que cuando llegué a Asunción, vine con la idea de poder iniciar en algún momento un oficio del ramo. Habilitar una cafetería me pareció la mejor opción. Fui madurando la idea hasta que finalmente el negocio se dio.
Siempre es difícil iniciar un emprendimiento en un lugar extraño…
Sí. Cuando uno es nuevo en un lugar, siempre debe pasar por diversos pasos. Reconocer, ubicarse, ambientarse, entre otros. Particularmente, no me fue muy difícil adaptarme a Asunción, ya que se parece en muchos aspectos a Santa Cruz. Aquí, la gente aún se saluda por la calle, mientras que en otros lugares se fue perdiendo esa cordialidad. Aunque desde hace algunos años mi ciudad natal perdió esa calidez que todavía conserva el Paraguay, es muy similar en muchos puntos, por lo cual no me costó mucho estar lejos. Como todo, en un comienzo cuesta, pero en el Paraguay hay mucho calor humano. La gente te tira buena onda, te apoya; es lo que más me gusta de este país. A lo mejor el paraguayo no se da cuenta, porque vive de ese modo, pero el hecho de compartir un tereré es pausar y compartir, y ese pequeño momento es lo que en muchos otros países se olvidó a causa de la rutina. Particularmente, todavía hay algunos códigos culturales tan propios del paraguayo que me cuesta entender, así como el guaraní (risas); hay palabras e, incluso, algunos modismos que voy comprendiendo, pero la gran parte de lo que se habla en guaraní es muy difícil para mí. El calor es otro de los factores que también me cuesta. Vengo de un lugar caluroso, pero no se compara con lo que es el Paraguay.
¿Y en cuanto a lo laboral en relación con tu emprendimiento?
Durante un tiempo trabajé desde mi casa, tomando pedidos. Pero llegó un momento en el que me di cuenta de que muchas de estas solicitudes se frenan, ya que se desean para ese momento. Fue el empujón final para abrir el local propio, en el que, además de tomar los pedidos, se pueden degustar todas nuestras opciones y disfrutar de un lugar distinto. Toda la materia prima que utilizo es paraguaya, aunque me encantaría poder traer en algún momento el café boliviano, que es sumamente rico, y así tener más opciones para ofrecer al público. Además, me gustaría poder implementar más de la gastronomía cruceña, pero hay muchos ingredientes que solo se encuentran en Bolivia. Por ejemplo, me encantaría poder ofrecer los horneados típicos que allá se consumen a la hora de la merienda, así como también el pan y las empanadas de arroz o el kuñapé, que es como algo similar al chipá, pero de una masa más blanda y sin anís. Sin embargo, por el momento estoy abocada a recetas internacionales con pequeños toques que marcan la diferencia. Un mix de todo. Por el tema del clima, en este país es un poco difícil trabajar en chocolatería en algunas épocas del año, pero también lo hacemos.
¿Por qué distinto?
Además de ofrecer un menú dulce y salado, así como alimentos fitness, en nuestra carta, contamos con opciones únicas, como el orange coffee o el café turco, que no es muy difundido en el Paraguay. También estoy empezando a fusionar la comida paraguaya con la de Santa Cruz, agregando pequeños toques tradicionales de allá. Me gusta mucho inventar, descubrir nuevos sabores, así como idear una ambientación notable. En el local se puede intentar un montón de cosas relacionadas al arte y la cultura. Habilitamos los jueves culturales, por ejemplo, para quienes deseen venir a expresarse de la forma que quieran. Música, poesía, monólogos; estamos abiertos a todo. También contamos con un espacio para albergar exposiciones de arte o fotografía y una biblioteca para quienes desean venir a leer, además de diversos juegos de mesa para pasar un momento relajado. Opciones que no veo que haya en todos lados, pero pueden marcar la diferencia. Nada de esto tiene costo; es cuestión de conversar y coordinar.
¿Qué es el orange coffee?
Es una invención mía. Cuando empecé con la idea de la cafetería y presupuestos, llegué a la conclusión de que una cafetera profesional no podía estar incluida todavía en los gastos. Pero ya no quería perder más tiempo, y fue así que traje la cafetera de mi casa y nace lo que denomino orange coffee, que básicamente es café servido en la cáscara de naranja. Así como todo, tiene su proceso y el resultado es una mezcla exquisita de café con un toque a gusto de naranja.
A partir de aquí, ¿cuáles son los planes?
Permanecer en Asunción, ya que me siento muy cómoda en este país. Con el tiempo, ir expandiendo la cafetería y lograr un espacio, por sobre todo, amigable y especial. Seguir apoyando la cultura, el arte y la música.
Dicen que el amor siempre entra por la cocina, pero Sol decidió que, además de ese sentimiento tan propio del ser humano, era necesario incluir más ingredientes, mezclando también la cultura y el arte.
Marcela Barbery
Chef titulada en el Instituto Técnico Superior Tatapy, en Bolivia, llegó a Asunción para trabajar en Arcadia, un proyecto social enfocado en el desarrollo humano. Su entusiasmo por la cocina la llevó ahora a abrir El Alba Cafetería, un sitio en el que la gastronomía se conjuga con la cultura y el arte.
Chocolates de Pascua
La Pascua –también llamada Pascua Florida, Domingo de Pascua, Domingo de Resurrección o Domingo de Gloria– es la fiesta central del cristianismo, en la que se conmemora la Resurrección de Jesucristo. Durante esta fecha, además de ser un tiempo de meditación y religiosidad, se acostumbra también disfrutar de tradiciones gastronómicas, como el chipá o chocolate. Aunque no es una tradición propia de nuestro país, actualmente, el intercambio de huevos de Pascua o dulces de chocolate es sumamente difundido en el Paraguay.
Fotos: Claudio Ocampo
