Campeona de patinaje

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La patinadora Laila Ozuna, campeona regional y sudamericana en su categoría, entrena con dedicación total en Ciudad del Este, lugar donde forja sus sueños y acaricia sus logros. Los entrenadores, profesores, coreógrafos y sus padres la acompañan para que la joven brille con luz propia.

Finita como una muñeca. Con sus escasos 11 años, Laila ya es una campeona de patinaje, disciplina que adora y practica con tenacidad imparable. Cuando era más chica estudiaba danza y, un día, la invitaron a patinar. En el 2009, cuando con una prima se animó a probarse los patines y “cuando sentí que mi cabello volaba al viento”, supo enseguida que las ruedas en sus pies era todo lo que quería descubrir. Hoy está en Ruedarte, escuela de patinaje artístico que funciona en el polideportivo del AO Trans Club. Es hija de Neide Weimann y Amado Ozuna, y tiene un hermano: Esteban (8). Ellos la apoyan, en especial su mamá, que ya sabe de peinados y maquillaje de competencia, porque le toca estar a su lado tiempo completo y sabe que estos detalles son tan importantes así como el vestuario cuando el jurado califica en un certamen. La joven atleta cuenta que su categoría es Internacional A miniinfantil.

“Laila quedó campeona sudamericana en free dance con la salsa y es una de las pocas patinadoras que participa en todas las actividades”, asegura el profesor Fernando Kahn. La atleta dice que al principio le costó patinar, porque hay que mantener el equilibrio y la seguridad al estar sobre los patines. “Empecé en el 2009, era principiante, hacía los globitos y me deslizaba”.

Con dedicación, las niñas entrenan en distintas modalidades; la denominada libre permite hacer saltos, trompos, coreografía con una estética que impacta. La danza obligatoria contiene patrones establecidos; por ejemplo, la sincronía de los movimientos, todos iguales, con los mismos pasos. Las figuras obligatorias se hacen con un patín especial, con ruedas más grandes para los círculos; una línea con dificultades, sin música, a velocidad, es un ejercicio de precisión.

La pista donde entrena Laila es de cemento pintado; usa patines italianos, uno para cada modalidad. Para lograr sus coreografías, toma clases con profesores que la llevan a la perfección y la preparan para competir. Por ejemplo, con el profesor Luis Fernando Kahn se entrenó para la danza charleston; el baile ruso lo realizó con Gastón Passini, técnico oficial de la Selección de patinadores de Argentina y la salsa le correspondió a Marcelo Porce, entrenador y coreógrafo de Argentina, que ganó Patinando por un sueño. Ella también baila tango y chachachá.

Sus inicios, sus logros

Recuerda que al principio no sabía equilibrarse; “me caía, pero hoy entreno tres a cuatro horas todos los días, los fines de semana más, y en época de competencia hasta ocho horas”, describe.

“Ella fue una de las atletas que más subió de nivel. En el 2010, empezó a competir: fue a un sudamericano en el 2011, en Santa Cruz do Sul (Brasil) y, en el 2012, ya salió campeona; de la B pasó a la A internacional, miniinfantil. Es campeona regional en Paraguay y campeona sudamericana, en Chile, en julio de este año, en el que participaron representantes de Venezuela, Chile, Ecuador y Brasil. Muy pocos patinadores salieron campeones sudamericanos; este año nos fue bien”, comenta el profesor Kahn.

“Ahora ya me siento más segura, me salen bien los dobles en el aire, un salto de una vuelta y media, que se llama ‘axel’, y los trompos donde se gira a gran velocidad”, refiere la niña.

El vestuario y la mochila

Cada tipo de baile se realiza con un vestuario alusivo; por ejemplo, “amarillo es para salsa; otro traje es para charleston, con flecos rosados, y el rojo es de Paraguay, el uniforme oficial. Una de las mamás de las patinadoras, Teresa Nishi, es la que hace los trajes. Los patines se importan de Italia; para las figuras, se utilizan dos clases de patines, y otros para círculos chicos y free dance”, cuenta Neide, la mamá de la atleta.

Es imprescindible contar con una mochila de herramientas con destornilladores, porque se gastan los frenos y se cambian. Existen diferentes ruedas y frenos, y muy pronto las nenas se vuelven expertas.

Si la superficie es más resbalosa, como el parquet, se colocan ruedas especiales. Tanta preparación culmina en una presentación que puede durar dos minutos y medio, y hasta tres minutos y medio si el programa es largo en la competencia.

Cuando uno empieza desde chiquita y más aún con estudios de danza –como Laila, que ya contaba con elasticidad y habilidad– el aprendizaje es más fácil. Cuando le preguntamos sobre su sueño, ella no titubea: “Mi gran sueño es ser mundialista”; aunque detrás de eso existe un largo recorrido. Las competencias duran horas e inclusive hasta cuatro días a veces. Ella va con trajes bordados en piedras Swarovski, y el maquillaje permitido en la zona de ojos y labios, dispuesta a ganar.

El trabajo previo

Un grupo interdisciplinario tiene que ver en el entrenamiento; algunos son: pediatra, cardióloga, neuróloga, odontóloga, nutricionista, traumatólogo deportivo, kinesiólogo y psicólogo deportivo. “Trabajamos también con coreógrafos y entrenadores de otros países”, explica Kahn.

“El psicólogo interviene en el relacionamiento, la confianza, la motivación, porque los chicos tienen pánico en el momento de competir, por más de que sean de alto rendimiento. Laila tiene mucha seguridad, pero a veces puede tener dudas, nerviosismo, emociones por las que todos atravesamos y, sobre todo, los chiquitos”.

La Copa de la Amistad

Laila, con su juventud y su fuerza, ganará muchos premios en el futuro; así como ella, muchos atletas de nuestro país necesitan apoyo de parte del Estado, porque una copa o una medalla obtenida por los jóvenes es un orgullo nacional. “La Copa de la Amistad Sudamericana será en Asunción, en la Secretaría Nacional de Deportes, en diciembre, con la participación de patinadores de Argentina, Colombia, Chile y Uruguay. El objetivo es ganar campeonatos sudamericanos y eso conlleva un proceso, ya que las cosas no se logran por mera casualidad”, finaliza Kahn.

VIDA DE ATLETA

Nuestra entrevistada, Laila Ozuna, va al sexto grado en el Instituto Cristiano Interactivo de Ciudad del Este; le gusta el reguetón y la música movida. Practica sus rutinas, calienta los músculos y luego hace los bailes, que el profesor corrige. Un grupo de personal capacitado prepara a la atleta; de acuerdo al estilo de danza elegido, se trae a un coreógrafo internacional; también es asistida por un técnico. Aunque se cuida en las comidas, en ocasiones se da los gustos de comer una hamburguesa, helados y chocolates; es como un premio después de tanto trabajo. Su profesor dice que Laila es una atleta responsable, tiene la cabeza bien puesta en lo que quiere, porque implica sacrificios, privarse de muchas cosas, pasar bien, pasar mal, mucho cansancio, horas de esfuerzo, y al final competir y a veces ganar.