Los muebles europeos antiguos tienen un encanto particular porque proyectan otras épocas. Los encantos del pasado con sus características de buen gusto y sofisticación, utilidad y comodidad, renacen en Asunción, en el local La Vieja Holanda. Numerosas piezas que constituyen un arte genuino en madera hacen de nuestra visita un placer. Sonia Weiss (40), casada con el ingeniero informático holandés John van der Pol, inició este negocio y su entusiasmo crece. “Realmente, mi trabajo, en sociedad familiar, es la venta delivery de amenities hoteleros, pero estos muebles y objetos, casi tomando vida propia, fueron imponiéndose. Aquí recibimos a nuestros clientes, quienes siempre encuentran algo especial para darles un toque a su hotel”, dice nuestra entrevistada, sentada en un mullido sillón europeo que, como todo aquí, está a la venta. Para Sonia, el auge de las boutiques hotel despierta la creación de negocios de decoración.
Pero aquí, detrás de la apertura y el lucro, hay una historia que tiene que ver con otras personas. “Mi suegro y otros jubilados holandeses son los que se encargan de buscar los muebles. Lo hacen como terapia, para mantenerse ocupados”. Los muebles antiguos y todos los objetos se consiguen en una especie de centro de reciclaje. “Yo viajo cada tanto para seleccionar las piezas. No fue fácil aprender a saber qué traer. Al principio, uno de mis hermanos me ayudaba desde acá; yo le enviaba fotos. Él también maneja el rubro de antigüedades y es mi socio. De hecho, el nombre completo del negocio es Café Club Antiques de La vieja Holanda”.
De nuevo lo antiguo
Recorriendo es posible apreciar una cantidad de objetos que fascinan, y vale decir que la casa está muy iluminada, limpia y decorada. Hay material de principios del siglo XX. “Intenté con el estilo de los años 70, pero no gustan tanto como los de los 40, 50”, comenta la emprendedora. Imponentes los enormes armarios estilo Henrique II; hay mesitas nidos o ratonas (de dos y tres unidades), aparadores, espejos, vitrinas, juegos de té, platos de cerámica Delf, porcelana de Bavaria y Limoges; miniaturas, vitrinas de pared, alfombras, mesas estilo Reina Ana, percheros de pared y de pie, sillas, sillones, artículos decorativos en cobre, lámparas, sofás, mesas de centro, baúles, radios antiguas, colecciones varias de pipas y encendedores, entre otros. “También organicé una sala de arte sacro, pero no fue intencional. Sencillamente, al ver las imágenes recordaba a mi mamá –que era creyente– y empecé a comprar santos. Cuando me di cuenta, tenía material para armar un espacio”. Santos de tamaño considerable, reclinatorios y encuadres predominan en la pequeña sala. Sonia nos cuenta que las imágenes provienen de las iglesias que en Holanda se van cerrando. Por supuesto, también preguntamos si los artículos no traerán algún embrujo. “¿Quién lo sabe? Más bien gratas sorpresas. El otro día, una clienta se asustó porque de repente un reloj dio campanadas. No esperaba que funcionara”. Sobre las tazas de té preguntamos quién podría arriesgarse a quebrar tanta delicadeza. “Se usan para decoración, aunque hay quienes se animan a merendar finamente”.
Aquí, todo puede mirarse y tocarse. Es posible sentarse en los sofás; no hay cartelitos que lo prohíban. De esta manera apreciamos y comprendemos mejor el concepto del confort; contrariamente a los muebles a los que estamos acostumbrados, estos son literalmente para toda la vida. “Ese sillón que ves ahí lo heredó una señora de 80 años de su suegra. Algunos preguntan ‘por qué tan caro’, pero el entendedor distingue un roble de una madera menor”. Respecto a los precios, compiten sanamente en el mercado; si no da el bolsillo para el armario, hay otras ofertas que compensan. Mucha gente llega buscando un regalo original. Por eso, decidieron también trabajar con lista de bodas. “Los medios que tenemos para contarle a la gente de nuestra existencia son Facebook, pasacalles y de boca en boca. La gente de a poco nos va conociendo”.
Sobre si es un negocio rentable en el Paraguay, nuestra entrevistada dice: “Sí, por la demanda que tenemos. También viene a comprar gente del interior. Por aquí ya pasó exitosamente mercadería de seis contenedores de 12 metros. Pero quisiera contar que el lucro que obtenemos está distribuido entre el mantenimiento del local, el pago del personal y nuestra ganancia, claro. Pero además se destina a ayuda humanitaria, tanto aquí en Paraguay (en hogares) como en la India, donde los jubilados holandeses (del pueblo de mi marido) ayudan a un médico que abrió una clínica para los más necesitados”. ¿Ya descubrió este lugar algún famoso? “Sí, el otro día vino Migliorisi y le gustó todo”.
Mamá, metal y cábala
Conocida en el mundo metalero nacional, Sonia formó parte del primer grupo de rock femenino paraguayo Avalon, en décadas pasadas. Parlante de seis idiomas, trabajó en Europa, trayendo bandas a Sudamérica. Estando en Holanda conoció a quien sería su marido; con él también lleva adelante una empresa de creación de software. Tienen cuatro hijos: Iván (13), Luana (11), Saskia (9) y Kyrian (7). Sonia trabaja medio tiempo y a la tarde está con los chicos. “Mi marido me apoyó siempre en mi desarrollo laboral, eso le da la serenidad de que no toda la responsabilidad familiar está sobre sus hombros”. Los Van der Pol Weiss viven en una casa grande, con patio y sin murallas ni alarmas, y algunos perros adoptados resguardan el lugar. Sonia, que estudia Cábala desde hace cuatro años, dice estar convencida de que, para que pasen cosas buenas, hay que hacer cosas buenas.
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