Mirta Moragas (25), abogada, está cursando un diplomado sobre DD.HH. y Mujeres mediante una beca del Centro de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. Trabaja en la organización Semillas para la Democracia, en un proyecto de extensionismo jurídico con mujeres en zonas pobres de Fernando de la Mora y Asunción; coordina el área género del INECIP-Py y La Red contra Toda Forma de Discriminación.
–¿Falta mucho para que los derechos sexuales de los jóvenes sean realmente un derecho humano?
–Los derechos sexuales y los derechos reproductivos están invisibilizados. Faltan políticas públicas integrales que permitan a las personas, principalmente a las mujeres jóvenes, tener acceso a información, servicios y recursos que les permitan ejercer su sexualidad y su reproducción de una manera libre, ¿cómo puede exigirse a alguien que sepa cómo cuidarse si el Estado no brinda información y servicios que le permitan saber cuáles son sus opciones?
–Hablar del sexo, del deseo que tienen los jóvenes a ejercer su sexualidad o mantener una relación amorosa, ¿a usted le parece que sigue en un campo de permanente disputa?
–Las personas jóvenes y principalmente las/os adolescentes deberían contar con consejerías que les orienten sobre todo lo que tenga que ver con su sexualidad, anticoncepción, etc., que tengan en cuenta sus intereses y la etapa de la vida en la que están. Paraguay tiene una de las tasas más altas de muerte materna y embarazo adolescente de la región, que tienen causas absolutamente prevenibles. No puede ser que las mujeres sigan muriendo por causas prevenibles, porque el Estado se niega a abordar de frente un tema tabú, que en este caso se traduce en muchas muertes de mujeres al año.
–¿Existen aún dificultades a las que se enfrentan los adolescentes? Ya que lo estipulado es una sexualidad exclusivamente heterosexual.
–Al tiempo que la información es insuficiente, esta no siempre refleja las diversidades de la sociedad.
La heterosexualidad monógama dentro del matrimonio sigue siendo el modelo, modelo que está absolutamente alejado de la realidad. Y esta no es solo una cuestión de derechos sexuales y derechos reproductivos; es una cuestión de democracia. No podemos pensar en una sociedad diferente mientras los derechos sigan siendo patrimonio exclusivo de cierta clase, de cierto tipo de personas nomás. Queremos que todos los derechos sean para todas las mujeres y hombres.
–¿Cómo abrir las mentes de los mismos jóvenes ante esta sociedad cerrada?
–No creo que las juventudes sean cerradas; creo que se trata de que muchas veces no hay opciones. ¿Qué opciones tenemos si estás fuera de los parámetros socialmente aceptados? Y esto se da en todos los niveles. Por ejemplo, nos critican porque solo estamos en el “vyrorei” (en la pavada), pero muchas de las actividades están concentradas en el centro o alrededores, y si no tenés auto, no hay movilidad, o está fuera de lo que muchas/os jóvenes pueden pagar.
Esta sociedad exige mucho, pero no brinda opciones en muchos casos. Se le niega, por un lado, derechos a alguien que no tuvo orientación, no tuvo información, no tuvo anticonceptivos para evitar llegar a una situación a la que no quería aún. Por eso decimos que debe haber educación sexual para decidir, y todo debe garantizarlo el Estado, pero no lo hace.
–La propia ministra de Salud, Esperanza Martínez, reconoció públicamente que es una materia pendiente.
–Reconocemos grandes esfuerzos del Ministerio de Salud en temas de salud sexual y reproductiva, pero necesitamos que este esfuerzo no sea aislado.
Por ejemplo, existe un proyecto de ley de salud sexual, reproductiva y materno perinatal que volverá a estudiarse en el Senado, luego de haber sido rechazado sin debate, sin intentar dar algún argumento mínimamente razonable, mientras Paraguay tiene varias observaciones de Comités de Naciones Unidas por las altas tasas de muerte materna (la mayoría relacionada con la penalización del aborto) y el Estado no acusa recibo para darle respuestas eficaces y eficientes.