Los rigores eclesiásticos

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El protocolo de la Iglesia es riguroso, desconocido e inalterable, pero últimamente, con la asunción del papa Francisco, esto ha cambiado, para satisfacción del pueblo católico.

Al margen de cargos públicos oficiales, cuando el papa anuncia una visita a un país, las autoridades eclesiásticas de todo el mundo solicitan la asistencia del Arzobispado de la ciudad o país escogido. Desde Roma asisten el Consejo Pontificio de Laicos y el séquito del santo padre, formado por los ministros de la secretaría de Estado de la Santa Sede. También acompañan al santo padre, el nuncio apostólico de su santidad y es habitual que cuando el papa visite un lugar, los cardenales nacionalizados en él y que vivan en Roma o no, lo acompañen.

Jerarquía eclesiástica

El papa es la mayor autoridad de la Iglesia, seguido por los cardenales, que según el protocolo eclesiástico son “los príncipes” de la institución.

El tercer puesto en el organigrama lo ocupan los arzobispos, seguidos por los obispos, y en el escalafón inferior se encuentran los sacerdotes, que pueden ser curas o párrocos.

Durante los oficios, y como manda el protocolo, los cardenales aparecen junto con el santo padre, colocados por orden de la fecha de su nombramiento, y solo quedan cerca de él los más antiguos.

Vestuario

La prenda de los representantes eclesiásticos es la sotana. El color general es el negro, excepto para el papa, que para distinguirse viste de blanco. No obstante, hay matices que diferencian las escalas jerárquicas.

Los cardenales utilizan un fajín y un solideo (el pequeño gorro que cubre la cabeza) de color rojo, parasimbolizar su fidelidad al papa, mientras que el que llevan los arzobispos y obispos es púrpura.

El solideo recibe ese nombre porque solo en el momento de la consagración se descubren para mostrarse ante Dios.

Vestimenta para una audiencia privada en el Vaticano

La forma correcta de vestirse para una audiencia con el papa en el Vaticano es la siguiente: en el caso de los hombres, con traje oscuro y corbata de color sobrio. Y en el caso de las mujeres con vestido negro, sin escote, con manga larga, falda a la rodilla, media fina de color negro, tacón no muy alto y mantilla o velo (aunque hoy en día dicen que es opcional). No debe llevar joyas ostentosas ni demasiado maquillaje.

Excepción a la regla

Esta es una concesión exclusiva de las reinas católicas y de las consortes de los monarcas católicos a manera de agradecimiento a las casas reales que fueron fieles a la Iglesia católica cuando todos los reinos se convirtieron al protestantismo, estas son las mujeres que tienen el privilegio de poder ir de blanco ante el papa, entre ellas están: la reina Leticia de España, la reina Paola de Bélgica y la gran duquesa María Teresa de Luxemburgo, entre otras. Para los eventos públicos encabezados por su santidad no existe un código de vestimenta para los asistentes, pero en el caso de las mujeres, siempre será bien visto no utilizar prendas escotadas o polleras cortas. Aunque, en definitiva, cada quién tiene su gusto.

Obsequios

Generalmente, las autoridades públicas entregan regalos a su santidad, pero este no es un acto espontáneo, sino que se acuerda previamente.

No es normal ver a gente anónima entregar regalos al papa, ya que eso interrumpiría mientras él saluda a la gente, además de que es algo que se evita por motivos de seguridad, pues los obsequios deben pasar un control previo.

El saludo

La forma de saludarlo es besando su anillo, al menos, esa es la “obligación que tienen quienes profesen la religión católica”. De entrada, lo primero que se debe realizar al estar frente al santo padre es una reverencia en la que, al inclinar el cuerpo, el rostro quede cerca de la mano, quien la extenderá con el fin de que el interlocutor bese el anillo, símbolo de su autoridad, que solo comparten cardenales y obispos.

Es importante aclarar que no se debe besar la mano del obispo de Roma, sino el anillo. Ese es el ritual que deben seguir todos los católicos. Los no creyentes deben saludarle “con el respeto que merece un jefe de Estado”, por ejemplo dándole la mano, y en ningún caso besando sus mejillas.

A los cardenales se les trata de eminencia, a los arzobispos de excelencia y a los obispos de ilustrísimo. Últimamente, este tratamiento ha caído en desuso y a los obispos se les da el tratamiento de señor obispo o monseñor.

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