La menopausia es el periodo de la vida de las mujeres en el que se produce el cese de la ovulación, según explica la doctora Flora Suárez de Achón, nutricionista y docente universitaria, y cuando sucede antes de los 40 años, se denomina menopausia precoz.
“El cuerpo femenino en esta etapa de la vida experimenta una serie de desarreglos orgánicos a consecuencia directa de la falta de estrógenos (hormonas sexuales femeninas). Los síntomas que sugieren el comienzo de la menopausia van desde los comunes sofocos, acompañados de calor, enrojecimiento facial y sudoración, hasta desórdenes psíquicos, como irritabilidad, ansiedad e insomnio. También existe una tendencia a engordar durante esta etapa; es habitual un incremento lento y progresivo de peso y un cambio en la distribución de la masa grasa, lo que se traduce en un aumento del volumen de grasa en la región abdominal. A partir de los 40 años, las necesidades metabólicas de energía de las mujeres disminuyen un 5 % por cada década. Esto se traduce directamente en la necesidad de un aporte calórico menor”.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y la Organización Mundial de la Salud (FAO/OMS), a partir de los 40 años las necesidades metabólicas o energéticas disminuyen, por lo tanto se debe considerar que también se reduce la tolerancia a la glucosa, lo cual lleva a una hiperinsulinemia. Hay un aumento de la glicemia o hiperglicemia. “La mujer debe disminuir el consumo de hidratos de carbono simple, evitar sobre todo los azúcares llamados de absorción rápida (fructosa, lactosa, sacarosa), la sal en exceso y las grasas dañinas”.
Esto sucede porque, según explica la especialista, “durante la menopausia y como consecuencia de la disminución hormonal (estrógeno) la mujer pierde en forma lenta la masa ósea. Por ello, durante la menopausia es especialmente importante evitar el sobrepeso, ya que afecta directamente a las articulaciones y la estructura ósea se sobrecarga. Si sumamos que durante la menopausia la mujer pierde masa ósea, se puede entender por qué existen más problemas óseos con el sobrepeso de lo que se sufría antes de la menopausia”.
Buenos alimentos
La profesional insiste en que la nutrición de la mujer en la menopausia debe incluir todos los alimentos de la pirámide nutricional que se aconsejan para la población adulta. “Se recomienda un mayor consumo de alimentos de origen vegetal, debido al efecto de los fitoestrógenos o estrógenos vegetales, y la cantidad de fibra y otros componentes que ayudan a regular el colesterol sanguíneo. La soja posee un alto contenido en fitoestrógenos, sobre todo por ser un alimento rico en isoflavonas, proteína y fibra, y sin grasas saturadas (peligrosas para el sistema cardiovascular). Para proteger la salud de los huesos, la alimentación debe ser rica en calcio, vitamina D, vitamina K y magnesio”.
“No se debe olvidar tomar abundante cantidad de líquido. Los jugos de frutas y el agua mineral ayudan a eliminar toxinas y enfrían el organismo contrarrestando la temperatura de los calores repentinos. Están contraindicadas las bebidas estimulantes, como el café y el alcohol”, puntualiza.
Cambios
Hay que vigilar el aumento de peso y no olvidar la actividad física aeróbica, de resistencia y levantamiento de pesas, porque son los ejercicios que mantienen la salud ósea y también la masa muscular. Sirven para evitar la aparición de la sarcopenia (disminución de la masa muscular) y la osteoporosis. La mente también debe estar ocupada; es necesario mantener una actividad intelectual constante para estimularla. La menopausia es un periodo difícil, en el cual el cerebro tiene importantes cambios hormonales que alteran nuestras conductas y sentimientos. “Al igual que en la adolescencia y en la vida fértil de la mujer, las hormonas sexuales (estrógenos, progestágenos, andrógenos) son, una vez más, las que llevan la batuta en el climaterio y, entre ellas, los estrógenos son protagonistas”, según declara la doctora Suárez de Achón.
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