El parto humanizado y respetado es un acontecimiento instintivo que valora el protagonismo de la madre y el padre. Su evolución está influida no solo por factores biológicos propios de cada mujer y el niño, sino también por factores sicológicos, culturales y ambientales.
“Es el proceso fisiológico por el cual la mujer finaliza su gestación (entre las 37 y 41 semanas; inclusive, 42). Se inicia espontáneamente y su desarrollo debe ser sin complicaciones; culmina con el nacimiento de un niño sano y no necesita más intervención que el apoyo integral”, explica la licenciada en Obstetricia, Nelli Góiriz.
“En un parto fisiológico sin riesgos deben evitarse intervenciones médicas innecesarias, reservadas para los casos en los que exista una indicación concreta”, agrega la profesional. “La mayoría de las mujeres sanas, con la atención y el apoyo adecuados, pueden dar a luz sin poner en riesgo su seguridad y la del hijo. Para ello, es importante la confianza en su capacidad de afrontar el parto y que las matronas u obstetras contribuyan a la mejor evolución de este proceso fisiológico”, enfatiza la licenciada.
Alumbramiento en el hogar
La antropóloga italiana Kiara Perucca, quien reside en nuestro país hace un par de años, explica la experiencia de dar a luz en casa a su última hija. “Se tienen en cuenta varios aspectos; primero, el tráfico, en el sentido de la movilidad. Tuve a mis dos primeros hijos en ciudades sumamente pobladas y grandes. Asunción es chica y, en caso de algún inconveniente en el proceso, es fácil llegar a un sanatorio si se cuenta con el medio”, refiere.
“Desde el inicio del embarazo, durante los meses de gestación y el trabajo de parto en sí, escoger a la obstetra que asistirá en él es fundamental. Ambas estamos en permanente contacto con un ginecólogo y ellos determinan si la idea de tener al niño en casa prosigue sin inconvenientes. Ante cualquier aspecto que resulte riesgoso, se acude de inmediato al hospital”, añade.
“Un tema no menor es la exposición de tu cuerpo. En los hospitales –y no digo con esto que los profesionales que trabajan sean deshumanizados– llegan las enfermeras de turno, realizan los exámenes casi por inercia, te examinan mecánicamente y se olvidan, a veces, que tratan con un ser humano”, sostiene.
“Tener a tu hijo en casa, con los recaudos necesarios, te da la chance de hablar, conversar, caminar, hacer lo que el cuerpo y los profesionales que asisten te permitan y, en lugar de padecer sufrimiento, alivianás el hecho e, incluso, podés escuchar música, etcétera”, asegura la antropóloga.
Con relación a las posibles consecuencias y análisis de su experiencia, la ginecóloga Teresa Ramos de Ferreira señala: “Esta práctica es cada vez más habitual en países nórdicos. Sin embargo, al vivir la realidad de nuestro país, es casi imposible. En el hospital tenemos un reporte inmediato y un ambiente muy difícil de recrear en la casa: controles, monitoreos, estudios a la embarazada, equipos en los que visualizamos los latidos del bebé, frecuencia cardiaca, salud fetal, etcétera”, esgrime la especialista.
El dolor es un punto emblemático. “Muchas mujeres, especialmente las primerizas, llegan con la idea de tener a sus hijos por cesárea, para evitarlo. En algunos casos, este no es demasiado fuerte si se realizan los ejercicios previos; incluso, no se necesitan analgésicos. Programar esta intervención requiere de mucho cuidado, análisis de la edad gestacional y tener en cuenta que siempre es mejor el parto natural”, afirma la doctora. Optar por el parto en las casas es una responsabilidad muy grande y una determinación sensata. “Desde chica me hablaban de que ese proceso es doloroso, difícil y complicado. Al investigar sobre las posibles complicaciones, lo importante es estar informada, conocer a quienes te asistirán y estar convencida de que la decisión que tome en relación a concebir o no en un hospital es directamente proporcional a nuestro bienestar”, analiza la abogada Tamara Augsten, quien actualmente, con seis meses de embarazo, sopesa la posibilidad de un parto casero.
“Los estudios científicos realizados revelan que las mujeres que reciben un apoyo continuo familiar y profesional tienen mayor probabilidad de tener un parto vaginal espontáneo y menor probabilidad de necesitar analgesia epidural o una cesárea. Además, están más satisfechas con la experiencia”, finaliza la licenciada Góiriz.
Todo lo que conlleve este periodo, más aún el tramo final, es una decisión de las mujeres, quienes –aconsejadas por el buen criterio médico y el soporte de los afectos– contribuirían a que los partos sean cada vez más humanizados.
Imagen: Internet
