Trastornos emocionales

Este artículo tiene 16 años de antigüedad

En la actualidad son numerosos los casos de niños y adolescentes afectados emocionalmente por las exigencias y los cambios paradigmáticos que viven sus familias. Inseguridad e inestabilidad son las consecuencias de ese modelo de vida.

Los "trastornos emocionales" se refieren a la presencia de perturbaciones en los sentimientos de una persona con relación a sí misma y al medio que la rodea. "Estas perturbaciones se manifiestan a través de algún tipo de conducta, que a su vez puede ser llamativa para las demás personas, porque traducen la necesidad que tiene el sujeto de ser ayudado, por padecer de un sufrimiento. La perturbación perjudica la adaptación del individuo", explica la magíster Alejandra, quien añade que "en el caso del niño, se estaría ante un trastorno emocional, si los comportamientos infantiles denotan ese malestar interno (por no poder tolerar sentimientos ligados a sí mismo o a situaciones ambientales), manifestado de manera intensa y reiterada, ocasionando su inadaptación o la imposibilidad de desarrollar actividades cotidianas, escolares, familiares u otras".
Según la profesional, los trastornos de ansiedad se manifiestan en diversas formas. Entre ellas se cuentan el trastorno de ansiedad por separación (TAS), trastorno de ansiedad social, trastorno de ansiedad generalizada (TAG), trastorno obsesivo compulsivo (TOC) y la depresión infanto-juvenil.
* El trastorno de ansiedad por separación (TAS): se interpreta a partir del continuo temor y la tristeza que denota el niño al separarse de sus progenitores o de su casa. Suele incluso somatizar, es decir, manifiesta síntomas físicos como dolores de panza, cabeza o mal de estómago. Este comportamiento puede durar varias semanas.   

* Trastorno de ansiedad social: más frecuente en los preadolescentes y adolescentes, cuando las relaciones interpersonales y la independencia conveniente, se ve imposibilitada por el rechazo de interactual con los demás y la negación a salir para socializar autónomamente.   
* Trastorno de ansiedad generalizada (TAG): el niño/a manifiesta preocupación excesiva, persistente e incontrolable, que puede ser real o no. Debido a que el niño/a no puede razonar sobre ese sentimiento, presenta indicadores como irritabilidad, alteraciones del sueño, tensión muscular, se come las uñas, se succiona el dedo, presenta tics e inquietud.   
* Trastorno obsesivo compulsivo (TOC): el síntoma principal de este comportamiento se da en la práctica de rituales antes de ir a dormir, de comer, de la ingestión de algunos alimentos y antes de salir de la casa. Existe igualmente la vertiente de comportamientos obsesivos no actuados o ritualizados a través de acciones sino obsesiones mentalizadas. Esto impide su "normal" desenvolvimiento en la vida cotidiana.   
* Depresión infanto-juvenil: se caracteriza por la irritabilidad, los sentimientos de desgano e inutilidad. El niño/a o adolescente manifiesta descontento con sus propios sentimientos, con sus resultados escolares o en los deportes. Pueden surgir ideas suicidas o de autoagresión (intentan lastimarse). En algunos casos, los síntomas depresivos pueden solaparse con otros problemas de salud física (dermatológicos o respiratorios).   

Causas más frecuentes
  
La psicóloga Alejandra indica que a partir de las experiencias clínicas, los trastornos emocionales son originados por experiencias que generaron estados de angustia y de tensión en el niño/a, ante las cuales ni él ni su ambiente pudieron responder adecuadamente. "El riesgo de estas experiencias en los niños linda también con la ansiedad que siente el adulto ‘protector’ ante el niño. Esto provoca una espiral ascendente en la que la angustia de uno aumenta al otro".
  
Asegura que el riesgo es mayor cuando los progenitores pueden no representar un refugio, sino mayores amenazas de sentimientos de angustia. "Los padres ansiosos pueden manifestar impaciencia, desesperación e impotencia. Castigan, amenazan y maltratan o por el contrario, se vuelven débiles en los límites, sobreprotegen o sobrecompensan con golosinas o juguetes. También se los puede ver indiferentes a los síntomas emocionales de sus hijos/as".
  
Añade que los niños con padres "débiles" se sienten desprotegidos, no contenidos o no manejados por los adultos. "Esto va generando niveles de angustia que luego se transforman en niveles de ansiedad que a su vez se manifiesta con comportamientos como los mencionados: miedos irracionales, irritabilidad o preocupaciones excesivas que interfieren en el desempeño social, escolar y otras actividades".

 

Estrategias sicoterapéuticas al rescate

 

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La magíster Mora asegura que sí es posible la recuperación de niños y adolescentes con trastornos emocionales. "Existen diferentes estrategias sicoterapéuticas. Por ejemplo, se proponen sesiones de trabajo para la revisión de las emociones del niño y su adaptación sicosocial, luego se revisan los pensamientos que guían las emociones del niño o adolescente. También se emplean sesiones operaciones, es decir, planes de acción con el paciente y sus padres, enseñándoles diferentes formas de tolerar las situaciones o mitigar los temores irracionales, con el adecuado acompañamiento de los adultos protectores, quienes también deberán lograr el manejo de su angustia y ansiedad frente a su hijo.