Paraguaya, con ascendencia libanesa por su madre (Katia) e italiana por su padre (Romeo), Gianinna Gini Armele lleva en la sangre la habilidad comercial y el buen gusto. “Cuando nací, la joyería de la familia de mi mamá ya existía; mi abuela, Laila Maluf de Armele, comenzó con una cajita de anillos que vendía a sus amigas y familiares”. Joyería Armele tiene 40 años y es una de las empresas familiares emblemáticas de Asunción. El primer local estaba sobre General Díaz; ahí, junto a Laila, pasaba el día la pequeña Gianinna, cuando su mamá salía a vender. “Me acuerdo que estaba tan acostumbrada a ver las joyas con la etiqueta del precio que, cuando nació mi hermanita –a quien le habían puesto una pulserita con su nombre y peso–, yo pregunté muy en serio: ‘¿Cuánto costó?’ ”, relata con humor. De la primera joyería se desprendió Denoir, empresa que cumplió 20 años y desde hace dos está dirigida por Gianinna, la mayor de cuatro hermanos.
Senda a seguir
Gianinna asegura que nunca existió presión a la hora de seguir el camino del negocio familiar. “Amo lo que hago. Terminé el colegio y poco después comencé a trabajar en donde había crecido: el mundo de las joyas. Hace siete años que empecé oficialmente y, desde hace dos, soy gerente comercial”.
En cuanto a su estilo de mando en la empresa, relata que es de conversar mucho con el personal. “No soy de tomar resoluciones unilateralmente. Yo empecé bien de abajo, pasé por todos los departamentos; eso fue espectacular porque hoy me permite tener una visión más amplia”. Acerca del trabajo sentencia que se siente completamente a gusto, porque lo que hace le apasiona. “El comercio es lo máximo, pura adrenalina y dinamismo”.
Para llevar adelante el negocio, Gianinna viaja entre ocho y diez veces al año a EE. UU., donde están las grandes ferias internacionales. Visita ciudades como Miami, Nueva York, Las Vegas, buscando aquello que va a agradar. “Comprar no es nada fácil; si comprás mal, no vendés”, asevera.
Para dar en el blanco sobre qué traer, efectúa un balance del mercado. “Antes de ir siempre miro el patrón de colores; por ejemplo, este año vuelven con todo el turquesa y la esmeralda. También veo la moda de pasarela. Por suerte, la combinación de colores ahora es más libre”, comenta.
La pericia de Gianinna con las joyas viene de haber crecido entre ellas. A simple vista puede identificar una pieza auténtica. “Lo sé por el peso, el brillo, la terminación. Una fantasía se delata por el modelo; en cambio, las joyas de oro y de plata sí pueden llegar a ser muy parecidas”.
Actualmente, las joyas se venden todo el año, explica. Desde los clásicos aritos “punto de luz” hasta piezas más trabajadas. Están en boga las gargantillitas con dijes, porque son muy delicadas y cómodas. “La joya es parte de nuestra personalidad y casi siempre simboliza para nosotros algo o alguien especial, un recuerdo, un momento”, agrega.
Predilección
Mujeres y hombres se decantan por igual por una pieza de valor, señala Gianinna. En cuanto a los caballeros, apunta que ellos buscan más cadenas con cruces, relojes y pulseras. “Para ellos, que tienen otra composición de piel (más grasa y más gruesa que la femenina), tenemos una línea de acero inoxidable, que no se ennegrece”.
En todo rubro existen años críticos, y el mundo de las joyas no es la excepción. “Siempre hay años duros, gracias a Dios los superamos. La venta creció bastante el año pasado. Pero el sostenimiento no pasa por el momento económico, sino porque es un negocio donde prima el sentir femenino; el sentimiento de la mujer es el que nos mantiene siempre adelante”.
Otra de las pasiones de Gianinna es leer, y su tema preferido son los relojes, el aspecto técnico. “El reloj es la máquina más perfecta que se haya fabricado. Esta pasión la heredé de mi papá”.
Recordando a su abuela Laila, subraya que ella, sin dudas, les dejó su espíritu de trabajo. “Fue una hermosa mujer, trabajó hasta el final de su vida y siempre de punta a punta en blanco. Yo tuve la gracia de disfrutarla por muchos años. A diez años de su partida, todavía seguimos reuniéndonos en su casa los hijos y nietos para almorzar cada sábado. Fue una abuela de lujo, sumamente elegante. Su joya más valiosa era la discreción”.
Diamante
Ante sus posibilidades de radicarse en el exterior, Gianinna destaca que nunca lo consideró. “Quiero a mi país; no me iría lejos de aquí ni de mi familia. Es importante que el paraguayo, al profesionalizarse, invierta en su país. Yo viajo permanentemente, y la verdad es que no tenemos mucho que envidiarles a otros países. Si tuviéramos que comparar una piedra preciosa con el Paraguay, nuestro país sería el diamante. Dos de las características del diamante son su estructura cristalina y su tenacidad. El paraguayo es uno de los seres más puros, nobles y tenaces del mundo”.
Lista para votar en abril próximo, Gianinna sueña con un país mejor, que ofrezca trabajo digno para todos. Su frase motor es la de Confucio: “Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida”.
Detalles
Como mujer, Gianinna dice que nunca sintió discriminación en ningún ámbito: “Las mujeres ejecutivas paraguayas estamos igual de capacitadas que los hombres. No soy de comparar o confrontar; uno es el complemento del otro”. Vive en la casa familiar y tiene un perrito pug, el cariñoso Harry. Fuera del trabajo se relaja yendo al gym con amigos o viendo series. Soltera, disfruta la vida tal como se le presenta; “aún no encontré el compañero adecuado, pero está en mis planes formar una familia”. Lo que más le molesta son las injusticias; en su brazo derecho lleva tatuado un trisquel, símbolo celta del equilibrio en cuerpo, mente y alma.
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