Por Sergio Armoa (19 años)
En abril de 1982, tropas argentinas invadieron y ocuparon sorpresivamente las islas Falkland, llamadas por ellos Malvinas, un archipiélago del Atlántico Sur bajo soberanía del Reino Unido desde 1833. Fue un golpe desesperado de la dictadura militar argentina, que buscaba desviar la atención pública de los graves problemas del país y encender en el ánimo argentino un patriotismo falso que le permitiera continuar en el poder. Pero el tiro les salió por la culata.
El Reino Unido reaccionó y, tras una breve y encarnizada guerra que duró dos meses, recuperó el control de las islas. La derrota provocó la caída del régimen militar argentino y el advenimiento de la democracia del vecino país. En los años siguientes, y más aún bajo el gobierno actual de Cristina Fernández, Argentina continuó reclamando el fin de la ocupación británica y la devolución de “sus” islas, tomando medidas desde diplomáticas hasta comerciales, demandando el apoyo de los demás países del continente para negociar con los británicos, de nuevo, la soberanía de las Falkland.
En el caso de Paraguay, realmente no habría ningún problema en apoyar a la Argentina. Solo que, claro, primero ella debería devolver las provincias de Formosa y Misiones, arrebatadas a nuestro país luego de la Guerra de la Triple Alianza. No pueden —los argentinos— estar reclamando cosas que ellos mismos hicieron, como robar territorios ajenos y luego negar su devolución.
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
Todos sabemos en qué condiciones se quedaron con nuestras tierras, y es demasiado pretender nuestro apoyo para que ellos recuperen las Falkland. Pero esto no tiene sentido: los habitantes del archipiélago son británicos, y ya declararon en reiteradas ocasiones que quieren continuar siéndolo. Del mismo modo que los formoseños y misioneros hoy ya son argentinos y no serviría de nada —en el utópico caso de que sucediera— forzarlos a ser parte nuevamente del Paraguay.