De cóctel y baladas a cerveza y reguetón

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¿Te imaginás asistir a una fiesta con tus padres o algún tomasito a cuestas, que se realice en el club del barrio; que comience la movida a las veintiuna horas y finalice cerca de la media noche, en la cual los temas más esperados por todos sean las músicas lentas y que la bebida más fuerte sea el cóctel? Quizás todo esto te parezca tonto o fuera de lugar, pero para tus abuelos esta era la forma más entretenida de pasar la noche.

Cuentan los abus que las fiestas de los 60, a las que denominan “cóctel”, eran organizadas por estudiantes o vecinos y terminaban temprano; estas se hacían en casas de familias o en algún club de la época. Las señoritas iban acompañadas de los padres, abuelos o de algún tomasito; este último generalmente era algún familiar cercano, y resultaba fácil de comprar por el novio, que estaba dispuesto a pagar o dar lo que fuere por un minuto a solas con su enamorada.

La fiesta arrancaba con temas movidos y luego tocaban los lentos; este era el momento más esperado por los muchachos para tener un contacto más cercano con la enamorada, teniendo en cuenta que entonces el estilo de la música obligaba a los jóvenes a bailar apretaditos y sobre una baldosa. Comentan que no se servía alcohol y el ambiente era mucho más romántico.

El hombre debía invitar a la joven a bailar de la forma más cortés posible; si este resultaba ser atractivo y del agrado de la señorita, recibía el OK; pero si no era el tipo que gustaba a la chica, ella utilizaba excusas como “gracias, no bailo”, e inmediatamente se veía obligada a no bailar durante toda la noche. En el caso de que la misma aceptara la propuesta de otro, el rechazado se sentía ofendido y oikóma la moquete.

Ahora las farras empiezan después de la medianoche y terminan cuando sale el sol; la invitada especial es “la rubia”, la cual llena de adrenalina a los jóvenes; el momento más esperado es la hora de bailar reguetón, electrónica u otros temas movidos para menearse “hasta abajo”. Los muchachos no necesariamente invitan a las señoritas, sino que bailan en una ronda de amigos o esperan que ellas se acerquen y nadie, o casi nadie, va acompañado de un padre o tomasito.

Por Matias Orué (17 años)